"MATAMOS Y NOS MATAN CON INTERMEDIARIOS"

By Elvis Méndez
December, 2012

Las guerras y ocupaciones de Washington:
Resumen del mes #92/ 31 de diciembre de 2012

Traduccion por Ruth Warner Carrillo

Elvis Méndezestudia el nexo entre la fealdad nociva de este país al militarismo, la tragedia en Newtown, Connecticut y la locura alrededor del precipicio fiscal.

Otro mes, otro espectáculo: el teatro político del mes fue el Precipicio Fiscal. Los dramaturgos son los mismos “hombres sabios” de Washington responsables por el Súper Comité, la “Pandilla de Seis” y una letanía de otras propuestas para imponer medidas de austeridad sobre el pueblo estadounidense bajo la excusa de reducir el déficit y política fiscal pragmática. Al escribir este artículo, el guión final todavía se está negociando a puertas cerradas. Pero ninguna de las versiones tiene un final feliz para el 99%.

Diferentes facciones de la clase política estadounidense promueven distintos aspectos específicos. Pero hay una constante: la fieldad ciega y absoluta hacia los gastos militares. EE.UU. es – y ha sido por 30 años – guiado por una política de militarismo keynesiano. Los niños en otros países en tierras o regiones ocupadas bajo ataque por aviones teledirigidos, y los niños en casa (entre otros, pero no limitado a, los asesinados en Newtown) sufren las consecuencias de un sistema que pone más prioridad a la manufactura de armas y máquinas para matar a control remoto que al bienestar físico y mental de la próxima generación.

ASUSTARLOS HASTA QUE ACEPTEN LA AUSTERIDAD

El Precipicio Fiscal es el nombre para asustar al pueblo que le han dado a una serie de recortes presupuestarios y aumentos de impuestos que entrarían en efecto el 1 de enero de 2013. El Precipicio Fiscal nació de la Ley de Control Presupuestario de 2011, en la cual se le encargó al Comité Selecto Conjunto sobre la Reducción Presupuestaria, el tildado  Súper Comité, con la tarea de crear un plan de reducción del déficit para recortar a $1.5 billones del presupuesto federal en los próximos diez años. Lo que hicieron fue crear un método para aplazar el problema, supuestamente como incentivo para que ambos partidos llegaran a un plan de término medio antes del final de 2012. Si no se lograra, entrarían en efecto automáticamente una serie de recortes presupuestarios y aumentos de impuestos con un valor total de $1.2 billones. Se recortarían drásticamente los servicios sociales, habrían recortes pequeños a los gastos militares, terminarían los recortes a los impuestos de Bush (que aumentaría el impuesto sobre herencias, impuestos a ingresos personales y las tasas de impuestos sobre ingresos de inversiones), aumentaría el impuesto de planillas, así como el impuesto mínimo alternativo. Todo el paquete – especialmente varios recortes tildados “secuestración” – se formuló para presionar a los dos partidos a llegar a un trato nuevo: en teoría los republicanos querrían evitar recortes militares mientras los demócratas querrían evitar rebajas en gastos sociales, entre otros a Medicare y Seguridad Social.

Pero resulta que así no va en Washington. No sólo los republicanos, sino que también el gobierno de Obama está tratando de evitar recortes en gastos militares. Por su parte, los republicanos están lejos de aceptar la idea de una resolución a medias, más bien están en plan de ataque, exigiendo que no haya aumentos a los impuestos sobre los ricos mientras lanzan un ataque frontal a todos los programas sociales que ayudan a los pobres, comunidades de color y hasta la (pequeñísima) clase media. Y el gobierno de Obama, en lugar de rehusar la negociación de esos tipos de recortes como abogan todos desde el columnista liberal Paul Krugman del New York Times hacia la izquierda, más bien sugiere recortes a los beneficios de Seguro Social, sobre todo por medio la idea de usar un índice encadenado de precios al consumidor.

Los dirigentes conservadores del congreso se aferraron. Saben que a pesar de perder las elecciones de 2012, el Partido Republicano exitosamente encasilló al debate económico, usando lenguaje e imágenes histéricos (como la idea del precipicio) para avanzar a sus intereses políticos. En el proceso, ha confundido a muchas cosas y logrado limitar el debate a un enfoque sobre la reducción presupuestaria y supuestas tasas de impuestos excesivos, apartando la discusión de crisis humanas como el desempleo, la creciente desigualdad y el flujo de la riqueza hacia los más ricos.

Frente a la ofensiva derechista – y también por sus propias lealtades con las corporaciones – la Casa Blanca ha aceptado la idea que la solución es una “Ganga Tremenda”. Porque el gobierno y los extremistas del Partido Republicano todavía no coinciden en los detalles de esa Ganga, es posible que no se logre. El Congreso puede enfocarse en un acuerdo más pequeño y resolver por separado los problemas, por ejemplo, cancelar los procedimientos de la secuestración en la Ley de Control Presupuestario, y presentar legislación para cambiar el seguro de desempleo, y luego trabajar sobre los recortes presupuestarios de Bush. Además, como señala  el ex Secretario de Trabajo de Clinton Robert Reich, sigue existiendo la alternativa de “introducir leyes a principios de 2013 que concedan recortes de impuestos a la clase media de manera retroactiva hasta el 1 de enero (extendiendo los recortes de impuestos de Bush a los ingresos hasta $250 mil) y que re-establecen la mayoría de los gastos”.

 ‘LA FALTA DE FUTURO ES EL NUEVO FUTURO’

Lo que no presentan los dos grandes partidos políticos es una nueva visión sobre cómo debería funcionar la economía. Obama quiere recrear los años de Clinton mientras ignora el hecho que gran parte del crecimiento de esa época se basó en una burbuja económica. La adoración de los demócratas actuales por el “gran” Clinton también “olvida” que fueron las políticas de desregulación de Clinton (entre otras la anulación de Glass-Steagal que normaba actividades bancarias) que tuvieron las consecuencias desastrosas para la clase trabajadora y dejó buena parte de la base para la Gran Recesión (eso sin mencionar su “reforma” racista, sexista y anti trabajador del sistema de welfare). El Partido Republicano, por su parte, quiere regresar a la América de Eisenhower, menos las tasas de impuestos o los programas de empleo por medio de desarrollo a la infraestructura que contribuyeron a la ampliación económica, claro con las características de raza y género propias de esa época previa a los movimientos a favor de los derechos civiles y de la liberación de las mujeres. Lo que recibe el público estadounidense es un pasado revisionista proyectado como futuro, los tecnócratas que hacen pequeños cambios a los programas para beneficiar a la industria privada y luego presentar a estas políticas  a medias como maná del cielo.

LO QUE NO SE MENCIONA: GASTOS MILITARES DESFRENADOS

Cortesia de Buddhist Peace Fellowship.

Escondido en toda la conversación general es el hecho que el presupuesto militar podría absorber los recortes de la secuestración muchísimo más fácil que los programas de discreción que no son militares. ¿Por qué? Porque los gastos militares han explotado en la época posterior al 11 de septiembre en tal medida que incluso los recortes de secuestración (repartidos en un plazo de 10 años) no regresarían al presupuesto base del Pentágono al promedio de la Guerra Fría. Esto es aparte de los gastos adicionales enormes  para financiar a las distintas guerras. El Pentágono dice que se está reestructurando, adaptando a los cambios de realidad de amenazas no estatales y guerra asimétrica. Pero estos cambios (reducción al tamaño de la Guardia Nacional y reservas del ejército mientras cambian las prioridades de gastos de una nave aérea a otra) siempre significan que las fuerzas armadas representan gran parte de los gastos de discreción del gobierno. Además, EE.UU. se queda con una economía dependiente en el subsidio de la industria militar y la promoción de la violencia en el mundo y en casa.

En su artículo muy bien investigado,  La cesantía de EE.UU. afecta prioridades de gastos militares y domésticos: 2011, el economista Robert Pollin, sostiene que gastos militares son “una fuente pobre de creación de empleos en relación con gastos en la economía verde, atención de salud, educación o incluso consumo personal de casas”. Su estudio, al igual que otros, muestra los beneficios de la inversión en un programa laboral que no está centrado en la manufactura de armas, sino que en el desarrollo de infraestructura y la inversión en tecnologías más favorables para el medioambiente.

Esto debería ser “el momento preciso” para ese tipo de programa. El país sufre de alto desempleo y la economía requiere de un estímulo profundo. Además, las encuestas revelan que la mayoría del pueblo estadounidense favorece recortes en los gastos militares en lugar de recortes sociales. Ahora es el momento ideal para hacer recortes verdaderos y profundos al presupuesto de la defensa. Existen propuestas, como la del Proyecto de Defensa Alternativa Defensa razonable: un plan sostenible para asegurar al paísque ahorrarían mucho más que las propuestas actuales que propone el Pentágono y que encaminarían al país en la dirección correcta en cuanto a gastos de guerra. La prioridad de Washington debe ser la estabilización económica, fortalecimiento de la red social y, en lo ideal, mover al país hacia el empleo completo. Existen alternativas a los recortes de programas sociales como forma de balancear al presupuesto; se puede denunciar a los ataques contra el seguro Social como campañas, y hay campañas urgentes en pie para exigir cambios dramáticos en las prioridades de nuestro país. (Véase Por el amor al prójimo: el Seguro Social y el precipicio fiscal por mi colega en War Times Nathan Paulsen; el llamado de Eric Mann's por un Estado de seguridad social, no estado policial, y únase a la campaña de Empleo no Guerra que ahora ha sido apoyada por más de 130 organizaciones.)  

INVIERNO EN ESTADOS UNIDOS

En Kansas se prendan velas en memoria de los víctimas del fusilimiento en Newtown. Cortesia de KHSB TV Channel 4. 

Los rezos, las esperanzas, y la compasión de gran parte del mundo se enfocaron este mes en Newtown, Connecticut. Después del golpe de una tragedia no imaginable, el dolor golpeó al país y al mundo. La vida siempre parece más frágil, y el mundo más pequeño después de sucesos como los de Sandy Hook.

Después de la tragedia, el Presidente Obama visitó a Newtown para hablar a la nación y consolar a los sobrevivientes y las familias de los caídos. Al poco tiempo, la senadora Dianne Feinstein sugirió que iba a volver a presentar una ley amplia de control de armas encaminada a limitar la venta de armas de asalto.

Luego, el 21 de diciembre el presidente del NRA Wayne LaPierre habló ante los medios de comunicación, y tras condenar juegos de video y películas violentas, abogó por armas y guardias armadas en las escuelas como una forma de limitar la violencia. Parece haberse olvidado, como le ha sucedido a muchos, que había un agente de policía en la preparatoria Columbine y que Virginia Tech tenía su propio departamento de policía; tres días más tarde, uno de los hombres armados que murió en la emboscada a bomberos en Nueva York fue agente de policía. Los comentarios de LaPierre también ignoraban el hecho que los asesinatos en Wisconsin este año ocurrieron en un templo, los asesinatos en Colorado fueron en un cine, y la matanza en una oficina en Nueva York fue en un lugar de trabajo. Con esa lógica, la solución a la tragedia de Newtown sería armar a todo el mundo en todo momento y en todos los lugares.

Aunque se equivocó totalmente en la solución propuesta,  el Sr. LaPierre tiene razón al afirmar que existen problemas más profundos y más amplios en este país que no se resolverán simplemente con una prohibición a las armas de asalto. Como nación, los Estados Unidos promueve el asesinato aprobado por el estado. Esto lo hace por medio de la glorificación de las fuerzas armadas y de políticas especificas, desde la “lista de asesinatos” anti-constitucional del Presidente, al uso de ataques por aviones teledirigidos, la ocupación de otros países, la reverencia exagerada de los generales, la venta masiva de armas a otros países, y ejecuciones por la pena de muerte. Son presentados como formas de asegurar la defensa propia y la justicia, pero la razón verdadera es para mantener al imperio.

HORA DE UN NUEVO SENTIDO COMÚN

Hablando ante las  familias en Newtown, el Presidente Obama visiblemente emocionado preguntó:

“¿Estamos preparados para decir que la violencia que sufren nuestros niños año tras año es de alguna manera el precio de nuestra libertad?

El Presidente y el país deben reflejar sobre esa pregunta en vista de la violencia que impone los Estados Unidos sobre un sinnúmero de niños en Pakistán, Irak, Afganistán, Gaza, Yemen y muchos otros países. Asesinatos por aviones teledirigidos puede rebajar el número de bajas militares estadounidenses, pero es seguro que no pone fin al asesinato de niños. Joe Klein, de la revista afirmó recientemente en un intercambio con Joe Scarborough de MSNBC:

“En realidad, la pregunta de fondo es: ¿Cuál niño de cuatro años es asesinado? Lo que estamos haciendo es limitar la posibilidad que sean asesinados aquí niños de cuatro años por actos de terror indiscriminados”.

La oscuridad profunda de esa afirmación, disfrazada de pragmatismo del mundo real, es apenas la sombra de una filosofía colectiva de muerte. Incluso siguiendo la “lógica” de Klein en las secuelas de la tragedia de Sandy Hook, ¿puede alguien decir que nuestra sociedad está “limitando la posibilidad que sean asesinados aquí niños de cuatro años por actos de terror indiscriminados”? Una vez dijo Albert Camus que “nosotros matamos y somos matados con intermediarios. Lo que se gana en limpieza se pierde en comprensión.” 

El punto no es endiablar a Klein, los comentarios de él son tan honestos, indican tan abiertamente lo que se considera sentido común. El problema es que es el sentido común, es la cultura que queda sin razonamiento porque promueve constantemente al militarismo y la violencia a gran escala, cuya economía depende de gastos de guerra y la manufactura de armas. Las ventas de EE.UU. al exterior se triplicaron en el año 2011 para llegar a $66.3 mil millones (y eso es únicamente lo revelado públicamente) La venta de armas domésticas se dispararon con niveles sin precedentes de chequeos de antecedentes para compra de armas. En el sentido más limitado y de auto-interés, la cultura militar y la economía militar no sólo afectan a quienes son asesinados en otros países sino también quienes son asesinados en casa.

Hace tiempo fue el momento de poner fin a ese tipo de sentido común, y cambiarlo por uno que reconoce a nuestra humanidad común con todas las personas en el mundo.

The views expressed here are those of the author and do not necessarily represent those of the entire War Times project

Elvis Méndez is a worker organizer and peace activist. Originally from the Dominican Republic and now living in Boston, Massachusetts. Elvis has worked as a counter-recruitment organizer for AFSC, and later as an organizer with the United Electrical Workers’ Warehouse Workers for Justice campaign organizing temporary workers along the supply chain. He is now the Coordinator of the mmigrant Workers Center Collaborative in Boston, Mass.

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