SE EXTIENDE EL CONTAGIO

By Michael Reagan
March, 2011

¿La LIBERTAD SERÁ EL RESULTADO DE LOS LEVANTAMIENTOS POPULARES DEMOCRATICOS EN EL MEDIO ORIENTE?

Por Michael Reagan

Al escribir estas líneas los diseños estratégicos de los Estados Unidos en el Medio Oriente están más cercanos al derrumbe de lo que se ha visto en la última generación. Y los planificadores de Washington reconocen la amenaza. Al hablar para Fox News, el Senador John McCain dijo que la oleada de levantamientos populares en Egipto, Túnez, Bahréin y otros lugares  son “probablemente el período histórico más peligroso en... todo nuestro involucramiento en el Medio Oriente, por lo menos en los tiempos modernos”. McCain comentó sobre la ampliación furiosa de estos movimientos populares por la libertad y la democracia diciendo, “el virus se extiende.” Esto, mientras las rebeliones que comenzaron en Túnez han agitado a algunos de los principales aliados de EE.UU. en la región: Egipto, Bahréin, Túnez y otros.

Y sigue ardiendo el fuego en las calles. De hecho, es quedarse corto afirmar que está ardiendo el mundo árabe en estos momentos. En Túnez, Argelia, Marruecos, Egipto, Yemen, Libia, Jordania, Bahréin, Irak, Irán (que no es un país árabe), y otros lugares, los levantamientos populares han sacudido hasta los cimientos de las dictaduras. Como ejemplo de los que se han levantado, un manifestante egipcio le explicó a National Public Radio que las personas en las calles  ya no tienen miedo: “Jamás había soñado que esto pudiera ocurrir en mi vida... en esta etapa ya no hay vuelta atrás... La primera victoria para esta revolución fue que rompimos el miedo. Lo rompimos. Ya no tengo miedo. Tengo una esposa y una hija, pero ya no tengo miedo”.

Este espíritu popular – valiente, sacrificado, esperanzado – es el contagio que quieren contener McCain, Obama, Clinton y otros. Considerando el despliegue de fuerzas en su contra, todavía queda por ver si la gente en las calles podrá convertir su espíritu y deseo de liberación en transformaciones realmente revolucionarias. Echar a patadas a un dictador es apenas el primer paso, y muchas veces la más sencilla, para lograr verdaderos cambios justos y democráticos. La verdadera batalla, en Egipto y otros lugares, se dará en los meses venideros.

El gobierno de Obama, renuente a pronunciar la hostilidad tajante a los levantamientos que favorece el Senador McCain, sin embargo también se opone a las aspiraciones democráticas de los pueblos. Los manifestantes en Yemen, Bahréin, Egipto, Libia, Marruecos y otros lugares recogen botes de gases lacrimógenos y cascillos de balas “hechos en EE.UU” y observan la llegada a sus plazas de tanques Abrams M1A1. En la esfera diplomática, funcionarios de EE.UU. casi nunca dejan pruebas concretas, con una sola excepción en este caso – la afirmación de apoyo al régimen de Mubarak del enviado especial de EE.UU. a Egipto Frank Wisner días antes del colapso de dicho régimen. El resto del equipo de Obama rápidamente se distanció de esos comentarios errantes, y a cambio ofreció lugares comunes sobre el apoyo de EE.UU. a la paz y la democracia. 

Ehud Barak junto con Omar SuleimanDiga lo que diga el gobierno, en realidad actúa de un libro de acciones muy parecido al de John McCain. Es una estrategia anti-democrática muy conocida: apoyar la tortura y la represión de parte de los autócratas regionales mientras sea posible, y cuando ya no es posible debido a la oposición popular, intentar cambiar autócratas nuevos por los viejos y a la vez tomar otras medidas para limitar el poder popular en las calles. En Egipto, EE.UU. se valió del hombre de la CIA en El Cairo, Omar Suleiman, que trabaja para asegurar que las elecciones programadas dentro de varios meses tengan los resultados “correctos”. Un programa conocido que ha funcionado bien en otros lugares: arreglar “elecciones democráticas” y usarlas para maniobrar hacia los centros de poder a aliados claves.

Aunque se extiende el contagio, Egipto se ha mantenido como punto de enfoque. Lo que sucede en Egipto es crítico para toda la región; EE.UU. no puede correr el riesgo de perder a un aliado con una importancia estratégica tan vital. Por lo tanto, Estados Unidos empeña todo su poder para limitar las dimensiones de la rebelión y restaurar a mubaraquismo sin Mubarak. Mientras tanto, el cliente de EE.UU. Israel mira con recelo lo que sucede en su vecino del sur. La pérdida de Mubarak, viejo sostén de la ocupación israelí de Palestina, podría dificultar la estrategia israelí en la franja de Gaza y otros lugares. Y dependiendo de los resultados políticos de los levantamientos, podría verse amenazada la frontera sur de Israel. (Los militares egipcios han prometido observar los tratados de paz con Israel).

Para los palestinos, la estabilidad de la Autoridad Palestina se ve socavada por la amenaza del buen ejemplo. Plenamente desilusionado por la publicación de los Documentos de Palestina, que muestran la aquiescenciatotal de la Autoridad Palestina a los israelíes, el pueblo palestino ahora ha observado el poder del levantamiento popular para desalojar líderes osificados y corruptos. Sin duda, tanto la élite palestina como la israelí temen un resultado parecido en los Territorios Ocupados.

¿UNA REVOLUCIÓN EGIPCIA? 

Durante tres semanas los ojos del mundo quedaron fijados en el pueblo egipcio. Sus logros ya han cobrado importancia histórica mundial: a pesar de su arrogancia obstinada, Mubarak fue obligado a salir del poder, el parlamento quedó suspendido, se están redactando nuevamente partes de la constitución, y los comandantes militares que ahora ostentan el poder han prometido terminar con el estado de emergencia que data hace 30 años. Estas son victorias enormes para un pueblo cuya valentía y decisión tienen pocos paralelos.

¿Por qué Egipto? ¿Por qué ahora?Las causas inmediatas la insurrección son complejas, y comienzan hace varios años en levantamientos laborales en contra del empobrecimiento económico y movimientos juveniles para crear espacios políticos para la participación democrática. Tiene mucho que ver con la transformación industrial del país y las crecientes rebeliones laborales de la última década. Hace décadas se han impuesto reformas neoliberales, llevando a un crecimiento impresionante de ingresos para los más ricos, de alrededor de 5 por ciento al año, mientras el resto del país sufre de un desempleo del diez por ciento y tasas de pobreza que afectan alrededor del 40 por ciento de la población. Más recientemente, aumentos en precios de comida y de bienes de consumidores junto con pobreza extrema han resultado en mucha desesperanza. “La policía no puede matarnos porque nosotros, para todos los fines prácticos, ya estamos muertos”, dijo un manifestante callejero al principio de la insurgencia.  

Mientras tanto los trabajadores egipcios tomaban acciones de militancia independiente y de huelgas.  Joel Beinin escribe, “…desde 1998 ha habido una oleada creciente de huelgas, paros laborales,  manifestaciones y otras acciones de trabajadores, con un gran aumento después de la aceleración de la puesta en práctica de políticas neoliberales de parte del ‘gobierno de los hombres de negocio’ instalado en julio de 2004. Más de dos millones de obreros han participado en más de 3 mil acciones colectivas en este período”. La oleada creciente formó algunas de las organizaciones que han alimentado la insurgencia actual, como el Movimiento Egipcio por el Cambio, o Kefeya (Basta), y el Movimiento de Jóvenes 6 de abril, nombrado por una huelga general nacional planeado en 2008 que nunca ocurrió.

Una comuna en la plaza: Cuando Egipto finalmente llegó al punto crítico en enero, la gente comenzó a construir su propia sociedad libre y democrática en Tahrir, la plaza principal en El Cairo que se volvió punto de enfoque para las manifestaciones. Para apoyar las constantes manifestaciones 24 horas al día, los manifestantes formaron en la plaza una comuna de Egipto libre de El Cairo. Los manifestantes organizaron la distribución de comida y saneamiento. Una vez que el gobierno suspendió los servicios de internet y teléfono, mantuvieron al público al tanto de sucesos en el país por medio de folletos. Y cuando los  manifestantes de Tahrir fueron atacados por matones policiales, establecieron clínicas médicas para atender a los heridos.

Mientras tanto fue bloqueada la estación de metro de la plaza con armazones de carros, y las plataformas de la estación se convirtieron en centros de detención para decenas de matones capturados por los activistas democráticos. A muchos de ellos se les incautaron identificaciones de policía. La minoría de cristianos cópticos,  por mucho tiempo un grupo perseguido y víctima de la bomba que explotó en una iglesia para el Año Nuevo, mostraron su solidaridad con los manifestantes musulmanes al formar barricadas humanas para proteger a los musulmanes durante sus rezos diarios. Las mujeres desempeñaron un papel destacado al organizar y dirigir las manifestaciones. “Se sentía como que se había convertido en una sociedad diferente – existía un Egipto dentro de Tahrir y otro Egipto fuera”, dijo la organizadora Mona Seif a Al Jazeera. Después de semanas de protestas, Tahrir demostró -- con tiendas de campaña y estructuras temporales, y los servicios públicos organizados por el pueblo --  un naciente poder popular y una dedicación que sería difícil de quebrar. Cuando el gobierno optó por ataques directos contra los activistas, éstas estructuras permitieron al pueblo egipcio seguir adelante con la lucha. 

Aparentemente, los militares no pudieron o no estaban dispuestos a atacar a los manifestantes. Robert Fisk informó que los comandantes de tanques se rehusaron a cumplir órdenes de abrir fuego. Fisk dice que oficiales de nivel bajo y soldados dejaban sus comunicaciones radiales y llamaban por teléfonos celulares a sus padres, ex-miembros de las fuerzas armadas, para pedir consejos sobre lo que debían hacer. La agresión militar directa se volvía imposible por  la resistencia de las bases, simultáneamente los militares actuaban para limitar en otras formas las manifestaciones.  El mismo día que el Secretario de la Defensa de EE.UU. Robert Gates alababa  a los militares egipcios por su control, organizaciones de derechos humanos y el periódico Guardian de Inglaterra informaron que los militares torturaban a cientos, quizás miles de activistas a favor de la democracia que se encontraban en prisiones secretas en El Cairo y otros lugares. En los días turbulentos antes de la caída de Mubarak, hasta periodistas del New York Times fueron secuestrados y llevados a cámaras de tortura, como parte de un ataque más amplio contra los medios de comunicación y periodistas extranjeros que cubrían las sublevaciones.

Con el papel de los militares limitado por las sublevaciones de las tropas y los secuestros y torturas de parte de ciertas unidades, Mubarak tuvo que buscar otras formas de perseguir a los manifestantes. Desató los notorios ataques por matones armados con botellas, piedras, bombas de contacto, caballos y camellos, y balas. Pero esta táctica sólo provocó mayor resistencia. Mientras los manifestantes batallaron para mantener el control de Tahrir, el país fue paralizado por una oleada de huelgas nacionales y disturbios laborales involucrando a miles de trabajadores. Trabajadores “en textiles, producción militar, transporte, petróleo, cemento, hierro y acero, hospitales, universidades, telecomunicaciones y en el canal de Suez” participaron en las huelgas. Otros se valieron de sabotaje, notablemente la explosión del gaseoducto a Israel que pasa por el Sinaí. En este alboroto, los manifestantes hicieron un llamado para un “día de salida” el viernes 11 de febrero. La noche anterior, Mubarak apareció por televisión en lo que se esperaba fuera el anuncio de su retiro. Aparentemente ignoró las órdenes de las personas que lo rodeaban y a cambio, el dictador octogenario insistió que se quedaría en la presidencia hasta septiembre. La furia popular sobre su terquedad y arrogancia se sentiría alrededor del mundo. Tahrir explotó en una manifestación que duró toda la noche.

Finalmente, la combinación de la insurrección popular y el movimiento obrero organizado fue demasiado para el régimen. Mubarak mismo no pudo hacer el anuncio, sus controladores lo llevaron a su residencia en la ciudad vacacional de Sharm el Sheikh, y su recientemente nombrado vice presidente Omar Suleiman le dijo a la nación y al mundo que había terminado la era de Mubarak.

El papel de EE.UU.: Durante toda la agitación, Estados Unidos ha trabajado para controlar y limitar las dimensiones del levantamiento. Es probable que EE.UU. haya estado detrás de la decisión de Mubarak de escoger a Omar Suleiman como vice presidente. Suleiman ha manejado el programa de tortura y extradiciones de EE.UU. en Egipto desde la época de Bill Clinton, y muchas veces tomó un papel directo en la tortura de detenidos como el supuesto comandante de al Qaeda Ibn al Sheikh al-Libi y el clérigo chiita Abu Omar, secuestrado por la CIA en las calles de Milán. (El testimonio bajo torturado de Al-Libi fue usado por el gobierno de Bush para justificar la invasión a Irak en 2003.  Y según ABC News, una vez Suleiman ofreció entregar todo el brazo de Omar a los funcionarios de EE.UU. cuando pidieron una muestra de su ADN). La brutalidad de Suleiman y su lealtad a EE.UU. lo hizo un candidato perfecto para una figura de transición en Egipto. En un documento del Departamento de Estado de 2006 publicado por Wikileaks, un funcionario no nombrado escribió “Nuestra colaboración de inteligencia con Omar Soliman [sic] ahora es probablemente  el elemento más exitoso de la relación [EE.UU.-Egipto].” Queda por verse el alcance del poder de Suleiman -- y de la influencia de EE.UU. – en el nuevo Egipto.

ISRAELl, PALESTINA Y LOS DOCUMENTOS

Israel y otros aliados de EE.UU. están observando de cerca a los eventos en Egipto. Declaraciones públicas israelíes han tenido la intención de levantar temores que los movimientos “islamistas” están cobrando fuerza, y hasta tiene la intención de usar levantamientos populares para imponer regímenes teocráticos en sus países. Sin embargo, estos temores tienen poco asidero en la realidad. Muchos de los países que se están levantando tienen fuertes tradiciones laicas, y apenas partidos o movimientos islámicos marginales. (Egipto es complicado, ya que la Hermandad Musulmana, por mucho tiempo reprimido, sí tiene apoyo popular. Pero La Hermandad no es al Qaeda, ha emitido llamados públicos para el establecimiento de un estado civil [no religioso] en Egipto).

El verdadero temor de Israel es que sociedades democráticas en países árabes no apoyen ciegamente a las políticas de anexión y ampliación de Israel y su campaña por borrar las tierras y cultura palestina. También el sofisticado arsenal de Egipto, construido con $1,3 mil millones de dólares anuales en ayuda militar de EE.UU. pone nervioso a Israel. En la medida que Israel se ve más aislado e injuriado en la región, la posible pérdida de su aliado más fuerte (y colaborador en el cercamiento de Gaza) tiene alarmado a los funcionarios del estado israelí.

Palestina y los Documentos. Tanto Israel como la Autoridad Palestina también se preocupan sobre los efectos de las manifestaciones en vista de los “Documentos Palestinos” publicados por Al Jazeera y el periódico Guardian. Los Documentos, una colección de una década de correos electrónicos y memorandums internos de la oficina de negociación palestina, revelan la política de Israel de rechazar cualquier acuerdo de paz, junto con la aquiescencia total de los dirigentes palestinos  y su disposición de hacer concesiones a los israelíes con la esperanza de ganar apenas el estado más miserable. Los Documentos revelan cómo los equipos de negociación de Arafat y Abbas cedieron totalmente ante los israelíes, ofreciendo concesiones que dudosamente hubieran sido aceptables para la población palestina: aceptar casi todos los asentamientos existentes de Israel, renunciar al derecho palestino al regreso y permitir a Israel quedarse con la mayor parte de Jerusalén.

Y hasta más irrefutable, los Documentos revelan el conocimiento previo de parte de la Autoridad Palestina de acciones militares israelíes, entre otros la destrucción despiadada de Gaza en 2008, y otras colaboraciones de seguridad con los israelíes. Estas revelaciones sugieren que el pueblo palestino puede tener el mismo interés que el resto del mundo árabe en desalojar sus líderes colaboracionistas, y ahora tienen ejemplos muy dramáticos de cómo se puede hacer.

De hecho, fue hasta después de los levantamientos egipcios que funcionarios palestinos empezaron a ofrecer concesiones a su propia población. Mahmoud Abbas despidió su gabinete, y renunció Saeb Erekat, el principal negociador palestino de hace dos décadas. También el nombrado proceso por la paz se ha revelado como un engaño total, la verdadera esperanza de paz se encuentra en las calles de Ramalleh, Jerusalén y Tel Aviv.

EL MUNDO EN LLAMAS

Mientras estalla en llamas populares el resto del mundo árabe, la ampliación de las rebeliones prevé dificultades serias para los planificadores de EE.UU. Un vistazo a cada país muestra el alcance de la crisis.

En Bahréin, un importante activo estratégico de Estados Unidos y el hogar de la 5ta Flota, semanas de manifestaciones han sacudido el régimen de Rey Hamad bin Isa Al Khalifa. Las represiones más sangrientas han ocurrido en Libia, y se abrieron en Trípoli lo que el académico Juan Cole ha llamado “las puertas de infierno”.  Helicópteros militares y aviones caza ametrallaron a los manifestantes, y se calcula que miles han muerto.

En Sana, el pueblo yemení continúa reclamando el fin del régimen,  y matones pro-gobierno atacan e intimidan a los manifestantes. El gobierno de Argelia levantó un decreto de emergencia en lugar hace 19 años, en un esfuerzo por apaciguar las manifestaciones. En Jordania, Irán, Irak, y Marruecos, la gente se niega a salir de las calles. También se empiezan a ver algunas chispas de levantamiento en Arabia Saudita.

Y por último, en Estados Unidos ha surgido una oleada de protestas, aunque por motivos un poco distintos. Aquí, los legisladores de ambos partidos siguen sus ataques contra el pueblo trabajador y sus organizaciones – y el pueblo en Wisconsin, Ohio e Iowa están empezando a luchar en contra de esta situación. Decenas de miles de personas han marchado a los edificios estatales y se amenaza – por primera vez desde la huelga general en Oakland en 1946 – una huelga general si el Gobernador de Wisconsin Scott Walker no retrocede con sus planes.

Walker intenta dar el golpe de gracia a los trabajadores organizados al prohibir la negociación colectiva a los trabajadores del sector público, bajo la excusa de balancear el presupuesto estatal.  Mucho descansa en el resultado de la contienda en Wisconsin, porque docenas de otros estados con gobernadores republicanos están esperando promover legislación parecida si tienen éxito Walker y sus auspiciadores multimillonarios.

SE HACE UN MUNDO NUEVO

Se empieza a deshilar la tela imperial de EE.UU. En los próximos meses se verá hasta dónde llega ese proceso. Los levantamientos recientes han puesto en relieve el conflicto entre los intereses de los Estados Unidos y el deseo de los pueblos de tener libertad y democracia. Apologistas de Washington y Nueva York corren para explicar la discrepancia entre la retórica de EE.UU. y su reacción real a los sucesos en el mundo árabe. Para los planficadores estatales estadounidenses, esto es realmente “el período más peligroso” en la historia de la participación de Estados Unidos en la región. Para las personas en las bases que levantan sus voces, sí es un momento peligroso, pero también es un momento de esperanza y posibilidades transcendentes. Los pueblos en El Cairo, en Trípoli y en Madison han perdido el miedo – se extiende el contagio, y ciertamente “en esta etapa ya no hay vuelta atrás”.

The views expressed here are those of the author and do not necessarily represent those of the entire War Times project

Michael Reagan is an organizer with the Seattle Solidarity Network andstudent at the University of Washington where he studies the history ofAmerican capitalism.

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