'Salvar al mundo' - un desastre a la vez

By Carlos Martinez
May, 2013

Traducción por Ruth Warner Carrillo

Carlos Martínez corta la niebla de la retórica sobre la defensa de libertad en el mundo por Washington  y explica porqué Eduardo Galeano, el conocido escritor uruguayo, le dice a los EE.UU., “¡Por favor, no me salven!”

En una lectura reciente de su nuevo libro: Los hijos de los días: un calendario de la historia humana,  el escritor Eduardo Galeano criticó a Washington por disfrazar sus ambiciones imperiales con el lenguaje idealista del humanitarismo. Galeano exclamó que todo lo que, inevitablemente, Estados Unidos termina destruyendo todo lo que quiere salvar. Con su humor mordaz de siempre, anunció, “Realmente yo les rogaría, ‘por favor, no me salven, no quiero que me salven’.”

Un repaso de las últimas intervenciones de Washington en América Latina, el Medio Oriente y otros lugares demuestra que sigue viva y coleando la fijación de nuestro gobierno de salvar a los países al destruirlos. De hecho, el gobierno actual de Obama cuidadosamente ha adoptado y transformado esta tradición imperialista con una cara sonriente. Por el momento no están en el plan las guerras a gran escala con el despliegue de tropas de EE.UU., cosa que provoca un gran alivio para millones en el mundo. Sin embargo, no hay señales de disminución de las otras formas de destrucción y asesinato en el nombre de salvar a la gente. Los asesinatos por aviones teledirigidos siguen, disque para combatir al terrorismo. Washington sigue jugando un papel principal como abastecedor y vendedor de armas supuestamente para asegurar la paz. Se escriben nuevos capítulos en el viejo libro de la intervención estadounidense en los países latinoamericanos.

Y para empeorar lo que ya era una situación catastrófica, ahora que tenemos el escalamiento de la amenaza inmediata de Washington de “salvar a los sirios”. Con los esfuerzos de la conferencia de Ginebra, el gobierno EE.UU está haciendo algún intento por buscar una solución política que pueda calmar la crisis y poner fin al ímpetu actual hacia la guerra regional. Pero tampoco el gobierno EE.UU. se ha comprometido a buscar una solución que no incluya lo militar. A la vez, todos los días hay más presión por acciones militares de parte de los guerreristas de derecha, encabezados por John McCain.

 (SEGUIMOS) CONFIANDO EN LOS AVIONES TELEDIRIGIDOS

Este mes el Procurador General Eric Holder reveló por primera vez que murieron cuatro ciudadanos estadounidenses a raíz de ataques de los aviones teledirigidos en Afganistán e Irak. En su esperado discurso de política antiterrorista el 23 de mayo, Obama reconoció las inquietudes sobre su guerra de aviones teledirigidos y los “dilemas morales” del programa, pero en el fondo defendió la necesidad del programa e hizo patente que el mismo va a continuar. Aunque Obama afirmó que los aviones teledirigidos tiene límites y que “únicamente la fuerza no nos hará seguros”, también insistió que su programa de asesinatos dirigidos ha sido una forma efectiva de contrarrestar al terrorismo.

Para poder apaciguar las inquietudes sobre la falta de transparencia en los ataques de aviones teledirigidos, se emitió una directiva presidencial antes del discurso de Obama que afirmaba que la autoridad para el programa de asesinatos dirigidos debía pasar de la CIA al Departamento de Defensa. Obama también afirmó que está abierto a la posibilidad de trabajar con el Congreso para establecer un tribunal independiente que podría evaluar los ataques de aviones teledirigidos futuros. Nunca se mencionó el número verdadero de muertes civiles causados por aviones teledirigidos estadounidenses (sólo el gobierno paquistaní dice que más de 400 de sus ciudadanos no-combatientes han sido asesinados así). También se ignoró el hecho que ninguno de los mecanismos para evaluación que se sugieren se acerca a la norma legal de debido procedimiento.

Las declaraciones de Obama que en algún momento debe termina la “guerra contra el terror” y que EE.UU. tiene que dejar de estar en pie de guerra, fue un hito retórico importante. El analista James Fallows expresó lo que sentían muchos al señalar que fue el punto más importante del discurso. Pero como señaló en una declaración la ACLU,  remarcando las contradicciones entre las palabras y los actos de Obama, “ahora es el momento, no un momento no determinado del futuro,  para dejar de estar en pie de guerra como país, y comenzar a restaurar el estado de derecho”.

 El corresponsal de seguridad nacional de UK Guardian Glenn Greenwald  dijo aún más. “Si uno deseaba escuchar que es inminente el fin de la “guerra contra el terror”, hay varias citas que se podrían considerar satisfactorias. Si uno deseaba escuchar que la guerra va a continuar de manera indefinida, y quizás hasta ampliada, uno también puede encontrar eso... Los discursos, sobre todo los discursos presidenciales, pueden ser un elemento importante en moldear las perspectivas del público y definir el debate, por lo tanto las palabras explícitas de Obama de ‘ultimadamente’ poner fin a la guerra contra el terror, se pueden considerar razonablemente como algo positivo.  Pero realmente no indica nada sobre lo que él realmente piensa hacer... Obama se ha especializado desde el  principio de su presidencia en envolver de manera muy bonita políticas feas y desacreditadas...”

ECHAR LEÑA AL FUEGO EN SIRIA

Se empeora la violencia en Siria al entrar en su tercer año el conflicto interno en ese país. Según la Agencia de Refugiados de la ONU aproximadamente uno de cuatro sirios se ha visto obligado a huir de su hogar y el número de refugiados sirios ha llegado a casi un millón y medio. La crisis en Siria surgió del ímpetu de la Primavera Árabe, pero las  manifestaciones pacíficas iniciales en contra del régimen de Bashar al-Assad, se toparon con una represión cruenta. El conflicto se fue militarizando y muchos opositores tomaron las armas mientras poderes externos (especialmente Rusia, Irán, Arabia Saudita y Qatar) entregaban armas al régimen o a sus opositores. Recientemente, el conflicto ha traspasado las fronteras de Siria, y se ha tornado más sectario (suní contra chiita), y amenaza con envolver toda la región. Israel está echando leña al fuego, y ya lanzó dos ataques aéreos a territorio sirio supuestamente para prevenir el trasiego de armas sofisticadas a Hezbolá, el grupo chiita libanesa que es aliado del régimen de Assad.

En medio del escalamiento de la violencia, aumentan las llamadas para una intervención militar de parte de los Estados Unidos. El supuesto uso de armas químicos de parte del régimen, una denuncia hecha inicialmente por Israel que no ha sido confirmado, se ha vuelto una excusa para la intervención, parecido a las armas de destrucción masiva imaginarias de Bush en Irak.

Phyllis Bennis señala que “la mayoría, aunque no todas” las llamadas para la intervención provienen de las mismas personas que llamaron por la invasión a Irak... principalmente republicanos pero también bastantes demócratas, incluyendo los ‘halcones humanitarios’ que nunca han visto una crisis de derechos humanos cuya solución no requería la participación militar de Estados Unidos”.

Hasta ahora el gobierno de Obama no ha intervenido en Siria más que en el papel limitado de la CIA para tratar de enviar a “las manos correctas” armas entregadas por Arabia Saudita y Qatar. Pero según un informe esta semana han solicitado al Pentágono preparar nuevos planes militares, que incluyan la implementación de una “zona libre de vuelos”. Cualquier esfuerzo en este sentido requeriría una campaña de bombardeo masivo enfocado en la destrucción de la capacidad antiaérea e instalaciones de radar. Como otros esfuerzos de EE.UU. para “salvar al pueblo”, tendría el efecto contrario, porque directamente resultaría en bajas civiles y más violencia en conflictos sectarios y regionales ya existentes. La situación de Irak después de la intervención, según Phyllis Bennis, es un ejemplo tétrico de lo que resultaría en la región y en Siria tras un escalamiento militar en Siria.

SALVAR A VENEZUELA DE LOS VENEZOLANOS

Durante una visita a Costa Rica este mes, el presidente Obama afirmó, “Lo que queremos para Venezuela es... venezolanos... que puedan escoger a sus propios dirigentes en un proceso democrático creíble de elecciones libres y justas”. Este fue el golpe más reciente de parte de Obama en un ataque diplomático continuo de parte de Washington en contra de Venezuela. La afirmación, que implica que el sistema electoral venezolano no es democrático, se refería al resultado de las elecciones presidenciales de emergencia en Venezuela a raíz de la muerte del ex presidente Hugo Chávez. El 14 de abril, Nicolás Maduro, que fue el vice presidente de Chávez, ganó las elecciones con un margen de 1.5%.

Inmediatamente después del cierre de las mesas electorales, fueron auditados el 54% de los votos en presencia de testigos de ambos partidos políticos, tal como lo requiere la ley venezolana. Ninguno de los partidos dijo que hubo problemas. El resultado luego fue confirmado por un análisis estadístico de la auditoría del sistema de votación.

A pesar de esto, el candidato opositor Henrique Capriles, que había perdido a Chávez sólo seis meses antes, reclamó que las elecciones eran fraudulentas y que su campaña no reconocería los resultados hasta que se terminara de contar el 100% de los votos. Inmediatamente, EE.UU. hizo eco de las exigencias de Capriles. El día después de las elecciones, Capriles llamó a su gente a tomar las calles para expresar “todo su odio, toda su frustración, en nombre de la paz”.

En una recreación de los eventos anteriores al intento de golpe de estado de 2002 contra Chávez, los líderes opositores confabularon con los medios de comunicación privados para divulgar información falsa dirigida a incitar a la violencia. Se divulgaron por el internet – por medio de medios controlados por la oposición --  fotografías que supuestamente mostraban la quema de urnas y balotas electorales. Un eminente periodista de la oposición, Nelson Bocaranda, acusó a los médicos cubanos que participan en el programa de salud venezolano Barrio Adentro de haber participado en la quema de balotas. Después se reveló que las fotos fueron sacadas hace varios años cuando oficiales destruían materiales electorales, tal como lo establece la ley, después de las contiendas electorales de 2006 y 2008.

Trágicamente, estos rumores resultaron en muertes y destrucción. La violencia desatada por los grupos opositores dejó a nueve muertos y 78 lesionados. Las turbas opositores encendieron a 18 Centros de Salud Diagnóstico donde trabajan médicos cubanos, y tres mercados de comida subsidiada por el gobierno. También atacaron a dos oficinas de canales estatales de televisión, varios sedes del Partido Socialista Unido de Venezuela y la casa de Tibisay Lucena, directora del Consejo Nacional Electoral (CNE) venezolano.

En lugar de dar declaraciones que reconocieran que las fotos circuladas eran falsificadas, Capriles siguió haciendo acusaciones no fundamentadas de fraude e insistía en el nuevo conteo del 100% de los votos. Para calmar las exigencias de la oposición, el CNE llegó a un arreglo con Capriles para hacer una auditoría del 46% de las urnas electorales que no se habían auditado el día de las elecciones. Sin embargo, Capriles luego retiró su apoyo por la auditoría e hizo un llamado a más manifestaciones contra el gobierno después de que el CNE rechazara su demanda adicional que se verificaran las firmas y huellas digitales de todos los votantes en el listado de electores, lo que hubiera significado una evaluación de más de 15 millones de firmas y huellas.

EL PAPEL SUCIO DE WASHINGTON

El CNE y otros oficiales del gobierno argumentan que la campaña de Capriles todavía no ha producido ninguna prueba creíble de anomalías electorales y que sus demandas simplemente están encaminadas a ensuciar la legitimidad de las instituciones electorales venezolanas. El 2 de mayo, la campaña de Capriles formalmente llevó su caso ante la Suprema Corte de Venezuela y el candidato derrocado afirmó que, al agotar todos los métodos legales nacionales, llevaría su caso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos (CIDH).

El año pasado, el ex presidente Chávez retiró la participación de Venezuela de CIDH, afirmando que la institución responde a los intereses políticos de EE.UU. Paralelo a las críticas de Chávez, el presidente ecuatoriano Rafael Correa recientemente ridiculizó a la CIDH porque el 96.5% de sus fondos provienen de Estados Unidos y Canadá. Señaló además que esto es muy problemático porque EE.UU. y Canadá se encuentran entre una minoría de países americanos que nunca ratificaron la Convención Americana de Derechos Humanos – y que, por lo tanto, no están sujetos a su competencia.

Los Estados Unidos ha fomentado el clima de inestabilidad en Venezuela y fortalecido los grupos opositores al disputar constantemente la legitimidad de las instituciones electorales venezolanos mientras se niega a condenar los actos violentos perpetrados por los que apoyan Capriles. Hasta la fecha, Washington no ha reconocido la victoria de Maduro y sigue apoyando las exigencias de Capriles para un nuevo conteo de todos los votos. Esto representa un escalamiento fuerte en la hostilidad EE.UU., ya que es la primera vez que Washington se ha negado a reconocer el resultado electoral venezolano.

A pesar del argumento de Washington que sabe lo que más le conviene a la salud de la democracia venezolana, el sistema electoral en el país ha sido repetidamente halagado por muchos grupos internacionales de observadores por su transparencia y formas múltiples de verificación. Hablando como representante de su organización que monitorea procesos electorales, el Carter Center, el ex presidente Jimmy Carter afirmó, “De las 92 elecciones que hemos observado, yo diría que el proceso electoral venezolano es el mejor en el mundo”. Mientras tanto, en el bloque comercial MERCOSUR, la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) y el Movimiento No Alineado han reconocido el resultado electoral venezolano y consideran a Maduro como el presidente legítimo del país.

La postura de Washington no tiene nada que ver con salvar la democracia venezolana. Al contrario, EE.UU. ha usado este impase como un medio para polarizar más a Venezuela y apoyar a un movimiento opositor cada vez más problemática. El Ministro del Exterior de Venezuela Elías describió correctamente la postura de Obama como un ataque al “gobierno legítimo de Venezuela”.

Recordando las palabras de Galeano, si esto es salvar a Venezuela, entonces la mayoría de los venezolanos preferirían que no los salvaran.

The views expressed here are those of the author and do not necessarily represent those of the entire War Times project

Carlos Martinez is the coordinator at the Bay Area Center for Political Education, a movement-building organization providing activists and organizers a space for developing theory and strategy, He is co-author of Venezuela Speaks! Voices from the Grassroots, a collection of interviews with members of Venezuela's grassroots social movements published by PM Press in January of this year.

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