Locura de marzo: la de ellos y la nuestra

Tomás y su esposa Claudia; foto por Frank Morris
Afiche en memoria de Kimani Gray. Foto: Reuters, Lucas Jackson
By Michael Reagan
March, 2013

Traducción por Ruth Wa

Michael Reagan vincula la guerra en Irak, la impunidad de la [elite, el asesinato de Kimini Gray de parte de la policía, el caso de violación sexual de Steubenville,  la agresión contra los pobres del “embargo”, así como la “locura desde arriba” que constituye la estructura de la sociedad estadounidense.

Es marzo, y a pesar de lo que uno lee en las páginas deportivas, la verdadera locura de marzo no está en las canchas de baloncesto. Está en las calles de Nueva York, donde la policía asesinó a otro adolescente negro. Está en Steubenville, Ohio, donde una adolescente fue violada por jóvenes atletas y la cultura de misoginia culpa a la víctima. Está en el 10mo aniversario de la invasión a Irak, que pasó sin que ninguno de los culpables de ese derramamiento de sangre basado en mentiras enfrentara ningún tipo de consecuencias. Y se encuentra en el tildado “embargo” un tipo especial de “violencia estructural” que golpea a los más vulnerables entre nosotros. Este tipo de locura, locura desde arriba, enraizada en la violencia y los intereses de los poderosos, es lo suficiente para volvernos locos en otra manera. Estamos locos con el tipo de rabia e indignación que lleva a la resistencia.  .

IRAK – NO ME ACUERDO DE TÍ

El 19 de marzo marcó el décimo aniversario de la invasión oficial de Irak, y la devastación humana sigue amontonándose como la basura y escombros en las calles de Bagdad. Entre los desechos se encuentra la historia personal de Thomas Young, un soldado y opositor, tema de la película “Body of War” en 2007. Este mes Young decidió matarse de hambre. En 2003, durante su primer día en Irak, los insurgentes le dispararon. Fue atravesada la espina dorsal de Young. En los años siguientes, la mala atención médica que recibió y el deterioro de su situación le ha causado un dolor tan terrible que Young decidió acabar con su vida. Considerando que su muerte era parte de la resistencia al Ejército y a la Guerra en Irak, Young hizo público su suicidio en una carta dirigida a George Bush y Dick Cheney en la que expresó la rabia, tristeza y locura de muchos que han lidiado personalmente con la guerra.

La tragedia por la pérdida de Young es apenas la punta del iceberg. Su acción subraya la condición física y mental de tantas personas, sobre todo innumerables civiles iraquíes  cuyas vidas han sido destruidas por la guerra. Un informe amplio del proyecto Costo de la guerra de la universidad Brown, describe el impacto continuo de la guerra. Cientos de miles de muertos por la violencia directa, la abrumadora mayoría civiles. El informe menciona que es mucho más alta la tasa de muerte si se incluyen los efectos secundarios, la pérdida de instituciones de atención de salud (blancos específicos de EE.UU.), la infraestructura,  y los impactos ambientales del uranio empobrecido y otros materiales tóxicos. Es difícil procesar este tipo de cálculo, porque el impacto humano va mucho más allá del pensamiento racional.

Además de las muertes, se encuentran destrozadas la infraestructura y la sociedad civil de Irak. Human Rights Watch informa que el gobierno iraquí se ha vuelto cada vez más autoritario y que regularmente usa métodos como la tortura y las desapariciones. Su informe remarca que estas son responsabilidades de EE.UU. ya que “los abusos que supuestamente autorizaron oficiales EE.UU. en los años tempranos de la guerra... y su complicidad táctica o directa en abusos iraquíes por medio de la ocupación, tienen responsabilidad parcial por el atrincheramiento de las instituciones débiles y corruptos en Irak”.

El informe de Human Rights Watch fue reforzado este mes por una investigación explosiva del UK Guardian que vinculó el establecimiento de escuadrones secretos de la policía iraquíes encargados de tortura y desaparecimientos – la supuesta opción El Salvador – directamente a los niveles más altos de planificadores estadounidenses. El informe dice que el hombre responsable por el establecimiento de los escuadrones de la muerte en El Salvador e Irak es James Steele, que ha sido nombrado públicamente por nada menos que Donald Rumsfeld. Rumsfeld enviaba los memorándum de Steele directamente a Bush y a Cheney.

Human Rights Watch menciona que ni el Reino Unido ni EE.UU. ha “echado a andar una investigación pública amplia sobre el abuso, ni ha obligado a los oficiales de alto nivel a rendir cuentas por sus crímenes de guerra”. Entonces mientras siguen acumulándose las guerras y la miseria humana como consecuencias de la guerra terrible, nadie en EE.UU. ha tenido que rendir cuentas bajo el gobierno de Obama, mucho menos George Bush que ahora es pintor principiante, ni Dick Cheney, que recientemente le dijo a los medios que “si lo tuviera que volver a hacer, lo haría en un minuto”.

Esto es un contraste fuerte con los juicios por genocidio en Guatemala, que empezaron el mismo día del aniversario de la guerra en Irak. En Guatemala, el General Efraín Ríos Montt y varios de sus allegados enfrentan un juicio por crímenes cometidos en una guerra civil genocida. Una coalición de grupos de la sociedad civil, entre ellos organizaciones indígenas y de derechos humanos y asistencia legal han luchado durante décadas para enjuiciar a los responsables. Es una lección en la organización sobre justicia social del cual tenemos mucho que aprender.

En EE.UU., la cultura de la impunidad no se limita a Bush, Cheney y la invasión de Irak. Obama también ha cometido crímenes de guerra. Entre ellos están los asesinatos de ciudadanos estadounidenses y sus hijos, y ahora su justificación legal pública, y la pesadilla interminable de Guantánamo donde en los últimos meses los cien detenidos que quedan sostuvieron una huelga de hambre de casi dos meses, mientras uno de ellos fue asesinado por un guardia por tratar de escapar. Estos crímenes, y la impunidad que se menciona aquí de Irak, Guantánamo, y asesinatos selectos, la impunidad del ejecutivo no sólo se limita al Comandante en Jefe, sino a todas las clases ejecutivas, los ricos y bancos poderosos y los ejecutivos que actúan como criminales sin consecuencias, como señala Glenn Greenwald en su libro más reciente. Los delitos de Irak, la destrucción humana, la impunidad y la realización que estas atrocidades son apenas la superficie de los crímenes continuos estadounidenses, son la locura de América, la locura desde arriba, del poder y la violencia y el privilegio.

GUERRAS DOMÉSTICAS

Mientras en Kansas City, Thomas Young muere por los delitos del poder, en Nueva York y otras ciudades en todo el país jóvenes negros como Kimini Gray son asesinados por otro tipo de locura. Gray, un joven de 16 años de East Flatbush, Brooklyn, fue asesinado a balazos por policías en circunstancia desconocidas. Los testigos dicen que Gray estaba acostado en el suelo rogando por su vida cuando le dispararon los policías. La Policía dice que el adolescente, conocido como Kiki por sus amigos y familiares, se movía de manera amenazadora o sospechosa y que encontraron un revólver cerca. Los dos oficiales involucrados en el asesinato tienen entre ellos cinco  demandas  civiles y por uso excesivo de fuerza que el Departamento de Policía de Nueva York resolvió pagando miles de dólares. Pero la muerte de Gray, junto con un sinnúmero de otros asesinatos de jóvenes negros por policías, entre otros  Darius Simmons, Oscar Grant y Aiyana Jones, es otra forma de locura americana. La primera mitad  de 2012, la policía y fuerzas de seguridad mataron a ciento diez negro, un número que el Proyecto  Malcolm X Grassroots utilizó para calcular que muere asesinado por la policía un negro una vez  cada 40 horas. 

El asesinato de Gray en East Flatbush encendió cuatro días de enfrentamientos con la policía. Los residentes se tomaron las calles y criticaron a los agentes cuando la policía declaró una  “Zona Congelada,” para evitar el acceso de los medios de comunicación a la zona. A pesar de los intentos por alejar a los medios, se escucharon las voces del pueblo. Algunos residentes se quejaron que la brutalidad y el hostigamiento policial son un nuevo tipo de Jim Crow, una guerra contra las personas negras y color café. Sophie Lewis, una periodista sindical que se encontraba en las manifestaciones caracterizó el actuar de la policía como “una organización paramilitar racista que opera en nuestros vecindarios con impunidad”—un eco de Irak. Y parte del legado de la violencia racial de este país –  desde el Klu Klux Klan a los vigilantes fronterizos “Minutemen” – la locura con una historia larga.

JUSTICIA PARA JANE DOE

Si la guerra contra los negros es un tipo de locura americana, otro tipo es la guerra contra las mujeres en este país. El episodio más reciente que levantó rabia a nivel nacional. El caso de la violación en Steubenville, al igual que el asesinato de Gray y los crímenes en Irak es apenas una muestra de una estructura mucho más grande de violencia desde arriba. Lo notable de Steubenville es que llegó a las noticias. La autora Rebecca Solnit calcula que en el mundo ocurre una violación sexual cada minuto, y la mayoría no se hablan, ni se informan, mucho menos se llevan a la justicia. Steubenville salió en las noticias y los violadores fueron enjuiciados gracias a los esfuerzos de blogueadores y activistas que se negaron a dejar que el caso se muriera como parte del trasfondo de intensidad normal de la violencia contra las mujeres. En este caso el horror de la agresión fue agravada por la forma que reaccionaron los testigos, que no hicieron nada por detener el delito, y lo descarado de los violadores que hicieron videos y chistes sobre su agresión, así como por los medios de comunicación que lamentaron las penas largas para atletas prometedores. Las activistas y escritores feministas usaron el caso para referirse a la “cultura de violación”, un juego de valores patriarcales que culpa a las mujeres y hace excusas para los perpetradores. Pero, igualmente lo podrían nombrar la “cultura americana” por la dominación de estos valores – impunidad, apoyo para el poder y violencia – en nuestra sociedad.

LOCURA ESTRUCTURAL

El embargo es un gran eufemismo, y una táctica política bastante ingeniosa. Es una forma de violencia para quitar el medio de las personas para ganarse la vida, así como las estructuras básicas de apoyo con los que cuentan los de abajo. El impacto exacto de los recortes no se conoce aún, ya que se verá golpeado todo en la economía, las escuelas, proyectos de bienestar, gastos caritativos, y protecciones ambientales. Nadie duda que los efectos serán arrasadores. Se verán empujados cada vez más a los márgenes los cincuenta millones de personas en este país que pasan hambre (uno en seis), quince millones de niños que viven en pobreza (uno en cinco) e incontables millones – incluyendo graduados de las universidades y personas con empleos – que están desamparados o al borde del desamparo. Alrededor de cuatro millones de personas dependen totalmente de programas gubernamentales para cumplir con sus necesidades básicas. Para ellos la sobrevivencia será aún más difícil. Además, los ricos se enriquecen cada vez más, mientras el 90% más pobre tuvo un aumento de ingresos de apenas cincuenta y nueve dólares en las últimas cuatro décadas. Estos tipos de ataques a lo que son elementos básicos para la vida de muchas personas, son una forma de violencia y otra manifestación de la locura americana.

El embargo también es totalmente inventado en términos políticos y fiscales. Políticamente, el embargo es una maniobra de Demócratas y Republicanos para imponer recortes duros y poco populares a los pobres y trabajadores sin tener que tomar la responsabilidad por sus actos. Los recortes se imponen automáticamente a todo el mundo, así que no se puede culpar a ningún político específico – incluyendo a Obama. En las negociaciones presupuestarias hace muchos meses, Obama en privado ha hecho maniobras para que los miembros del Partido Demócrata apoyen recortes a programas sociales. Sus recortes no son tan drásticos como los de los republicanos, pero en esencia el plan es el mismo – quitarles cada vez más a los pobres. Lo que se debate en la política de Washington es cuánto más quitar.

El embargo es también una locura en otro sentido – daña a la economía. Un gran coro de economistas de centro, entre otros Dean Baker, Paul Krugman y Joseph Stiglitz, argumenta que los recortes a gastos justificados por una apelación a la reducción del déficit sólo continuarán la recesión. Los de arriba tienen dinero de sobra para atenuar los aumentos de gastos. Las ganancias de corporaciones, de la bolsa de valores, de paquetes de pago para ejecutivos son más altas que nunca.  No podría ser más clara la locura de la agenda de austeridad, y la violencia de estas decisiones se volverá cada vez más evidente.

NUESTRA LOCURA

Esa es la locura desde arriba. Nuestra locura, desde abajo, es muy distinta. Nuestra locura nace de la rabia y la tristeza, una reacción a la violencia y la agresión, la división, el racismo, la agresión y la brutalidad. Estamos locos para estar sujetos a esto, y locos por tolerarlo. Es por eso que nos resistimos. Como la gente en East Flatbush que se negó a permitir la continuación de la violencia policial. Como las mujeres activistas y escritores que sacaron a la luz pública al caso de violación en Steubenville. Como los que luchan desde abajo para mantener intacta a nuestra red de seguridad social. Y como los que luchan en contra de la devastación de la guerra de Irak. Como Thomas Young, que usa su muerte, los últimos vestigios de su vida, por luchar contra la locura desde arriba. Estamos locos, y nuestra locura es la única esperanza para lograr una sociedad cuerda.

The views expressed here are those of the author and do not necessarily represent those of the entire War Times project

Michael Reagan is an organizer with the Seattle Solidarity Network andstudent at the University of Washington where he studies the history ofAmerican capitalism.

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