La decisión de Snowden - y la nuestra

La marcha historica desde Selma hacia Montgomery
Black Panther Fred Hampton
By Nathan Paulsen
June, 2013

Las guerras y ocupaciones de Washington:
Resumen del mes #98

Nathan Paulsen ubica las revelaciones sobre la NSA en la larga y engorrosa historia de vigilancia de parte del gobierno de EE.UU., describe el contexto de la decisión de la Corte Suprema para eviscerar la Ley de Derecho al Voto, y cierra con el desafío que enfrentamos los que aborrecemos la injusticia. 

Cuando Edward Snowden asumió la responsabilidad por las fugas mediáticas que revelaron los programas de vigilancia de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA), yo me sentí conmovido. Sentí en mi columna una sensación poco común de orgullo en ser ciudadano de EE.UU. Al ejercer su libertad de expresión y denunciar el espionaje gubernamental, Snowden actuó conforme a nuestras mejores tradiciones democráticas. Impresionado por la valentía de un hombre dispuesto a empobrecerse y arriesgar años en la prisión por el bien común, sentí el desafío de su ejemplo.

No tengo ni la mitad de la valentía del Sr. Snowden.

Pero creo que si comparto un asco parecido al de él.

No es el tipo de asco que siente uno al saborear una comida desagradable. Ni lo que uno siente al encontrar el cadáver podrido de una ardilla a la orilla del camino. No es un mal gusto por pequeñas incomodidades, sino una repugnancia que se reserva para las grandes injusticias en nuestro mundo.

Pobreza y riqueza. Desigualdades de salud que destrozan a decenas de miles de vidas. El flagelo de la violencia intrafamiliar y la violación sexual. Negligencia oficial y medidas a medias mientras la crisis climáticas destruye al planeta. Cientos de miles de muertos en Irak y Afganistán en aras de un proyecto imperial para saquear las reservas petroleras estratégicas. Ciudades segregadas en las que los seres humanos se asesinan entre sí en una competencia por los recursos escasos y destellos de poder. Cientos de miles de millones de dólares que se gastan cada año en apertrechar a los militares con armas capaces de lanzar la guerra contra los humanos del mundo que sobreviven con un par de dólares al día. Control policial inconstitucional que interfiere con la libertad de expresión y de reunión.        

Nunca me he podido adaptar a estas realidades.

Aparentemente, Snowden tampoco.

BAJO JURAMENTO A PROTEJER UN STATUS QUO INJUSTO

"La capacidad de [la Agencia de Seguridad Nacional] en cualquier momento se puede volcar en contra del pueblo americano y a ningún americano le quedaría privacidad, es tal la capacidad de monitorear todo: conversaciones telefónicas, telegramas, no importa. No habría dónde esconderse”.  --Senador Frank Church, 1975

Yo tuve la suerte de estudiar la historia. No cualquier historia, sino la historia contada desde la perspectiva de los pueblos oprimidos. La historia de la experiencia de generaciones anteriores cuyas luchas lograron terminar guerras, y nos han entregado el fin a la esclavitud, el voto, sindicatos, derechos civiles, leyes que protegen a las víctimas de violación sexual, y otros logros.

La historia de la vigilancia de la NSA me recordó algunas lecciones sobre vigilancia gubernamental en nuestra historia reciente.

Acuérdense de COINTELPRO, o MHCHAOS. Los proyectos MERRIMAC, RESISTANCE, MINARET, SHAMROCK, y MKUltra.

Claro que no escucharemos mención de estas siglas de parte de la élite en el poder o las fuentes mediáticas dominadas por unos cuántos enormes grupos empresariales. A pesar de las noticias recientes sobre la Ley sobre Vigilancia para Inteligencia Externa (FISA), y el Comité del Senado de EE.UU. Sobre Inteligencia, no va a escuchar noticias sobre los informes a mediados de la década de 1970 del Comité Church que hicieron que su puesta en práctica fuera una necesidad política.

Entre más importante un tema para una conversación pública informada, menos probable que se mencione.

Y eso nos deja con un punto ciego enorme en nuestra narrativa democrática. El punto ciego borra nuestra memoria colectiva de cientos de miles de revoltosos – junto con las organizaciones en las que participaron – que fueron blancos de vigilancia por agencias de inteligencia durante el ciclo de protestas que terminó en la década de 1970.

La vigilancia sólo fue el comienzo. La información recopilada de espionaje se usó activamente en una campaña coordinada para “revelar, trastornar, despistar, desacreditar y de otras formas neutralizar a las actividades políticas de ciudadanos que quería ejercer sus garantías constitucionales. Para lograr su objetivo, las agencias de inteligencia emplearon guerra sicológica y hostigamiento policial a gran escala, así como el encarcelamiento y el asesinato de dirigentes activistas.   

El gobierno federal – junto con fuerzas policiales estatales y locales – tiró una red muy amplia. Los trabajadores a favor de derechos civiles que buscaban poner fin a las leyes racistas de Jim Crow. Pacifistas opuestos a la guerra en Vietnam. Feministas que luchaban por refugios para víctimas de violencia intrafamiliar. Indígenas americanos que levantaban conciencia sobre la traición a los tratados y terribles condiciones sociales. Organizadores de liberación negra que buscaban la equidad y una voz en la mesa de decisiones que afectaban a sus comunidades. Chicanos buscando empoderar a los mexicano americanos. Ambientalistas luchando por aire y agua limpios. Trabajadores que querían salarios justos. Periodistas y académicos con opiniones contrarias. Artistas populares como John Lennon.

El director adjunto del Buró Federal de Investigaciones (FBI), Edward Sullivan, declaró ante el Congreso: “No se impusieron límites. Hemos usado técnicas [parecidas] contra los agentes soviéticos. [Los mismos métodos] se llevaron a casa en contra de cualquier organización contra el cual teníamos un blanco. No hubo distinción. Es un negocio muy, muy duro”.  

La historia revela el patrón sistémico tras la apuesta al poder de la NSA – y cómo afecta a todos los que desean algún tipo de cambio. Actuar para cambiar la dinámica opresiva siempre es considerado una amenaza de parte de los opresores cuya situación social depende de esa misma dinámica. Por lo tanto, cada avance social de parte de las comunidades oprimidas se ha topado con tremenda resistencia de parte del poder, entre ellos el uso de agencias de inteligencia para callar a los críticos y preservar el status quo.

Este es el trasfondo a la revelación valiente de Snowden de una amplia, casi omnipresente, vigilancia de la NSA a las comunicaciones telefónicas y de internet de los ciudadanos estadounidenses. (Pueden ver los detalles engorrosos aquí y aquí). Y además su revelación sobre la hipocresía de Washington en el campo internacional al realizar la NSA saqueos sofisticados de todo tipo de blancos en el exterior. 

Y la NSA es apenas una de por lo menos 15 distintas agencias de inteligencia en Washington.  El financiamiento total para estas agencias en 2012 era unos $75 mil millones. (Confirmando la regla que entre mayor la injusticia, mayor los recursos necesarios para detener la marea de voces que piden el cambio). En este sentido, el gobierno de Obama – que ha levantado cargos contra el doble de los denunciadores (whistleblowers) que todos los presidentes anteriores y encarceló al hombre que denunció la tortura de la Agencia Central de Inteligencia - ahora tiene en la mira a Snowden.

Es decir, si lo pueden agarrar.

Los límites del poderío global de EE.UU. (otra vez) fueron remarcados cuando Hong Kong, y ahora Rusia, desafiaron los ruegos del gobierno por extraditar a Snowden de regreso a EE.UU. Para ser enjuiciado. De hecho, una resolución bipartidista de tratar al Sr. Snowden como traidor – por divulgar al público que nos están espiando a todos nosotros – ha tenido la consecuencia no intencional de convertirlo en un héroe en el molde de un bandido moderno.

(Yo entiendo que algunos no quieren concederle el honor. Por mi parte yo no tengo problema, porque mis héroes no tienen que ser perfectos y se les permite motivaciones mixtas. También se les permite huir de sus vidas al país que escojan.)

A menos que nunca has podido imaginar un momento en que podrías disentir de las políticas del gobierno o del poder corporativo – y yo sé que entre nosotros hay gente que no puede – tienes algo en juego en lo que pasa ahora.

¿QUIENES SE BENEFICIAN DE LAS RESTRICCIONES AL VOTO?  

Mientras Washington intenta enfocar nuestra ira en los adversarios extranjeros y los usa como escudo para quitar nuestros derechos civiles, creo que la mayoría de nosotros teme más a las grandes injusticias que un acto aislado de terrorismo.

Y con buena razón: mientras son terribles los momentos específicos de violencia que salen en los titulares, por el dolor que causan a los civiles inocentes, los desequilibrios sistémicos del poder dañan diariamente a millones de personas. Con bastante suerte e ingenio, Al-Qaeda podría destruir a un blanco simbólico y matar o lesionar a unos miles de personas en el proceso. Pero por otra parte, los ejecutivos de los bancos desalojan injustamente a millones de personas de sus hogares. Y vale la pena contemplar el hecho que entre hombres negros nacido después de mediados de la década de los 1960, hay dos veces más encarcelados que los que se graduaron de una universidad.

Uno puede estar segregado en barrios empobrecidos. O desempleado. O perder la casa. O enfermarte sin seguro médico. O pasar años en la presión por posesión de una sustancia controlada.

O puedes perder el derecho a votar.

La decisión de la Corte Suprema de anular una disposición clave de La Ley del Derecho al Voto de 1965 tendrá repercusiones realmente masivas. Antes de la aprobación de esa ley histórica, una enorme mayoría de negros en los estados del Sur se les había efectivamente prohibido el voto. Las demandas legales individuales para remendar la situación no tuvieron efecto porque las autoridades locales cambiaban las leyes discriminatorias – como la imposición de exámenes de alfabetismo - para evadir el control de los tribunales.  

La vieja élite de Jim Crow estaba aferrada a no perder su puesto de control. Y al ganar más poder los negros por medio de acciones colectivas, enfrentaban represión cada vez más cruenta. En el invierno de 1965, el manifestante desarmado a favor de los derechos civiles Jimmie Jackson fue asesinado por un patrullero vial de Alabama. Inspirado en su martirio, cientos de personas marcharon de Selma a Montgomery a favor de la dignidad humana y el derecho al voto. Los manifestantes fueron atacados vilmente por la policía con bastones y gases lacrimógenos, y luego se le tildó a ese día Domingo Sangriento. En solidaridad se unieron cada vez más personas a las marchas – miles y luego decenas de miles – hasta que ya no se pudo contener la marea humana.

Tras años de organización paciente y protestas públicas, triunfó el Movimiento a favor de los Derechos Civiles. Meses después de las marchas entre Selma y Montgomery, Lyndon Johnson firmó la Ley de Derecho al Voto. Jim Crow quedó derrotado. Ahora los negros participan en las elecciones casi al igual que los blancos en las áreas afectadas por la ley.

La decisión de la Corte Suprema este mes revirtió la marea de progreso. Para salvaguardar la equidad racial en el voto, Sección 5 de la Ley de Derecho al Voto obligaba a nueve estados, casi todos del sur, y varios distritos locales en todo el país a recibir autorización previa para los cambios en las leyes electorales de parte del Departamento de Justicia (DOJ). In 2012, se les bloqueó legislación a dos estados y un tercero tuvo que hacer cambios importantes para prevenir que se implementaran cambios discriminatorios a las leyes.

Unas horas después del fallo de la Corte Suprema, el Procurador General de Texas anunció que su estado inmediatamente pondría en efecto una ley de identificación electoral que fue prohibido por el DOJ. La movida de Abbott es un precursor de acciones futuras. Una sección importante de la élite del poder nunca estuvo de acuerdo con los derechos civiles. Ahora se sienten fortalecidos por la decisión de la Corte. Segundo, el gran capital está lanzando ataques agresivos al nivel de vida de la gente trabajadora y para tener éxito, es importante lograr que no participemos en la política. Restricciones a la política del voto es un avance para sus intereses

Sin un surgimiento de organización de base que puede crear un eje progresista independiente en la política EE.UU., millones de pobres y personas de color serán vulnerables a las restricciones nuevas sobre su capacidad de votar en los años venideros.

EL TRABAJO ARDUO DE CREAR JUSTICIA

Parte de la "grandeza" de las grandes injusticias es la tendencia a abrumar nuestra capacidad de responder. No se trata de una injusticia ordinaria entre vecinos que se puede resolver con una conversación y apretón de manos. Enfrentados con la enormidad de la tarea – crear la justicia en una situación de opresión estructural – el camino más fácil para muchos de nosotros, e incluyéndome a mí mismo, es hundirnos desesperadamente en nuestros mundos privados.

Esa ya no es una alternativa que quiero hacer.

Estoy demasiado enfurecido por lo que he visto.

¿Se imaginan la situación en que estaríamos si nadie estuviera dispuesto a ponerse de pie a favor de la justicia? ¿Si los supremacistas y patriarcas y ejecutivos de corporaciones y generales de ejército tuvieran una carta blanca para decidir nuestros destinos colectivos?

No tendríamos la Ley del Derecho al Voto para que la Corte Suprema la derribara, ni tendríamos el matrimonio gay como tema público para que la Corte lo aprobara.   

De esta manera la gran injusticia nos empuja a todos a reflexionar y nos desafía a contestar esta pregunta:

¿Qué riesgo tomarás en aras de corregir estas injusticias?

La mayoría de nosotros nunca enfrentaremos las decisiones extremas del Sr. Snowden ni de los trabajadores a favor de los derechos civiles en el Sur. Todos tendremos que sobrepasar los límites de lo que es cómodo. El riesgo que podríamos ofrecer puede ser tan sencillo como asistir a una manifestación callejera o pasar unas cuantas horas de voluntarios en una organización de un movimiento social.

O podría ser tan complejo como abandonar a nuestra resignación tan cuidada sobre la forma en que están las cosas.

The views expressed here are those of the author and do not necessarily represent those of the entire War Times project

I have worked in human services for much of the past decade; during that time, I acquired an intimate viewpoint on the suffering that structural violence causes in the everyday life of our nation. In writing for War Times, I am particularly concerned with how the United States military machine – consuming hundreds of billions of tax-dollars on an annual basis to wage war and export death – has left us with fewer resources at home for health care, public education, affordable shelter, living wage jobs, domestic violence shelters, and other critical social needs.

More by Nathan Paulsen:

Add a Comment

Dear Reader: Please help us keep our comments section a safe space of respectful and healthy dialogue that furthers the work against militarism and toward justice. Comments will be moderated.

Facebook

WT Comments