La brutalidad del juego de echar culpas • agosto 2011

By Carlos Martinez
August, 2011

Las guerras y ocupaciones de Washington:
Resumen del mes #76
31 de agosto de 2011

Por Carlos Martinez
Traducido por Ruth Warner-Carillo

Son bien útiles para la derecha y los poderes dominantes los chivos expiatorios y monstruos. Verdaderos o imaginados, sirven mucho para echar culpas y justificar su propia brutalidad, mientras distraen al público de las causas de fondo y amenazas reales.

El lenguaje e idioma de la cultura estadounidense están repletos de herramientas para desviar la culpa y convertir al “otro” en un monstruo imaginario o exagerado. La derecha especialmente se ha vuelto maestro en este arte, ubicando en el blanco a todos, desde los maestros de escuelas públicas y científicos climáticos hasta a los inmigrantes y musulmanes.

Entonces cuando Londres explota como respuesta a medidas masivas de austeridad y la brutalidad policial, el problema supuestamente surge de la “cultura negra”. Cuando los palestinos prometen llevar su caso a las Naciones Unidas, los maleantes son los ocupados, no los ocupadores. Y cuando el dictador libio reprime a los libios que se oponen a su régimen, un dirigente que Washington gustosamente armaba hace poco se convierte en el diablo personificado y una excelente excusa para tratar de revivir la historia desacreditada de “Washington como héroe” en el mundo árabe.

Sin embargo, también hemos visto la respuesta de las fuerzas progresistas a los chivos expiatorios y desvío de culpabilidades de la élite. Los activistas anti guerra exponen los motivos nada humanitarios de la guerra de la OTAN en Libia. El movimiento de derechos para los inmigrantes ha movilizado una nueva ronda de resistencia al programa tildado Comunidades Seguras del gobierno de Obama, mientras en América Latina y otros lados crece la resistencia al militarismo de la guerra anti droga estadounidense.

APROVECHAN LA PRIMAVERA ÁRABE PARA UN DERROCAMIENTO EN LIBIA

El 22 de agosto, fuerzas anti Gadafi entraron a Trípoli, la capital de Libia. Habían pasado casi cinco meses desde la aprobación de la Resolución 1973 por el Concejo de Seguridad de la ONU. La intención formal de esa resolución era proteger a los civiles, por medio de una serie de intervenciones militares y no militares, específicamente una zona libre de vuelos. Pero rápidamente la OTAN aprovechó la terminología de la resolución de “por cualquier medio necesario” para desplegar una flota de armamento ofensivo, y descartó todos los llamados a la diplomacia, ceses al fuego y negociaciones entre el régimen y los rebeldes libios. Quedó claro que el objetivo real de los dirigentes de la OTAN era sacar del poder a Gadafi.

En resumen, la OTAN optó por jugar con las vidas de los libios para buscar sus propios propósitos, lo que resultó inevitablemente en la muerte de muchas civiles y obligado eventualmente al Secretario General de la ONU Ban Ki-Moon a afirmar que estaba “profundamente preocupado por los informes de un número inaceptablemente grande de bajas civiles”.

Ahora que el régimen de Gadafi está prácticamente destruido, los rebeldes libios toman posiciones para asumir el control en un país por medio de su Consejo Nacional de Transición (TNC). Pero no está claro el futuro de Libia porque siguen luchando los que respaldan incondicionalmente a Gadafi, existen divisiones entre los rebeldes y claramente la OTAN espera una recompensa por sus “servicios”.

Ciertamente, se regocijan muchos en Libia y el mundo árabe por el derrocamiento de otro déspota. Una consecuencia de la salida de Gadafi del poder puede ser una dosis de nueva inspiración por los levantamientos democráticos que se esfuerzan en la región. Pero la forma específica en que fue derrotado Gadafi también provoca preocupaciones y ansiedad. Para comenzar, el costo en vidas humanas y sufrimiento todavía está por contarse en una rebelión que – a diferencia de Egipto y Túnez – se militarizó rápidamente y los rebeldes (o por lo menos la dirigencia del TNC) se aliaron con las fuerzas militares occidentales. No queda claro qué a arreglo se llegará en el futuro, o quién dominará, los libios o el Occidente.

JUSTIFICACIÓN: "INTERVENCIÓN HUMANITARIA"

Luego, hay que mencionar la forma en que se proyectó a Libia en Washington. En una obra digna del doblehablar de Orwell, el gobierno de Obama entró a la guerra sin buscar la aprobación del congreso y dijo simplemente que la intervención militar en Libia no era un “acto hostil” porque no corrían peligro las vidas de tropas estadounidenses. Según el informe de la Casa Blanca sobre “Actividades de EE.UU. en Libia” “los operativos EE.UU. no involucran lucha sostenida ni intercambio activo de fuego con fuerzas hostiles, tampoco involucran la presencia de tropas EE.UU. en el terreno, bajas estadounidenses o amenazas serias de las mismas, ni otra posibilidad importante de escalamiento a un conflicto caracterizado por esos factores”. ¿Entonces ahora pelear sólo cuenta como guerra cuando se arriesgan vidas estadounidenses, no importa cuántos soldados o civiles de otras nacionalidades mueren a manos del poderío militar estadounidense?

Washington ya estableció un precedente peligroso con la “presidencia imperial” que de por sí hace tiempo tiene demasiadas formas de empezar a matar a la gente sin rendición de cuentas. Especialmente en una era cuando la tecnología militar moderna (desde aviones teledirigidos a operaciones especiales) pueden usarse para atacar a otros países con un riesgo mínimo para los atacantes de alta tecnología, es un paso más hacia la institucionalización de la guerra permanente.

Y por mucha retórica libertaria y democrática que emite, las razones que Washington va a la guerra tienen que ver con intereses geopolíticos. En la intervención en Libia, Estados Unidos sobretodo buscaba cambiar su imagen a raíz de sus guerras en Irak y Afganistán y su apoyo incondicional al colonialismo israelí.

Después de todo, Estados Unidos y Europa nunca tuvieron problema con tratar con Gadafi antes de los levantamientos actuales. Hasta hace poco se alababa a Gadafi por ser un enemigo reformado que intercambió sus armas de destrucción masiva por vínculos amistosos con el Occidente. El gobierno de Obama se sentía lo suficientemente cómodo con el liderazgo de Gadafi para aprobar ventas de armas al gobierno libio con un valor de  $15 millones en 2009. Además, según un nuevo grupo de cables diplomáticos estadounidenses clasificados revelados por Wikileaks el 24 de agosto, EE.UU. buscaba fortalecer la relación de Libia con AFRICOM, el mando militar de Washington en África.

Pero los dirigentes europeos y estadounidenses percibieron la oportunidad de ganar acceso privilegiado al nuevo régimen a bajo costo cuando llegó la primavera árabe a Libia y parecía que los libios querían emular a sus hermanos y hermanas en Egipto y Túnez al botar un régimen dictatorial, si es que se podía “neutralizar” las fuerzas armadas de Gadafi.  Al volver a Gadafi a su papel de los años 70 y 80 cuando se le consideraba un radical maleante, el Occidente otra vez podría dibujarse como defensor de la libertad en el mundo, y a la vez fortalecer y justificar su presencia militar en África y el Medio Oriente. 

PRIMAVERA ÁRABE COMO UNA AMENAZA

Sin embargo, será más fácil vender en casa que en el mundo árabe y musulmán la imagen de Washington de “nosotros somos los buenos, a favor de la democracia”. Será fácil engañar al público estadounidense alimentado por una dieta constante de mentiras y distorsiones islamofóbicas, pero no así a la mayoría de las personas en la región. Porque ellos saben que no ha variado el respaldo total de Washington para sus viejos aliados regionales Israel y Arabia Saudita, y que los gobiernos de ambos países se oponen en extremo al levantamiento democrático que se conoce como la Primavera Árabe.

Desde la revolución iraní de 1979, los saudíes se han considerado líderes, con el apoyo estadounidense, de una coalición suni unificado contra la amenaza supuesta de un Irán chiita. Mientras tanto, Israel ha logrado construir vínculos importantes (aunque muchas veces no públicos) con regímenes autocráticos suníes en base a la hostilidad hacia Irán (y el acuerdo que el apoyo de esos regímenes para Palestina no pase de la retórica).

Pero ahora que fue derrotado el dictador egipcio Mubarak, parece improbable que un nuevo gobierno egipcio mantenga la línea que promueven Arabia Saudita-Israel-EE.UU. Los genios de la democracia han salido de la lámpara también en otros lugares, y los que más han invertido en el poder autocrático están aumentando tanto su uso de chivos expiatorios / promoción de miedo como de fuerza militar.

Entonces cuando brotan protestas en una mayoría chiita en Bahréin contra el control de la familia Al Khalifa que goza de apoyo saudí, Arabia Saudita envió tropas y utilizó violencia y tortura. Y si bien los suni y los chiitas participaron en las protestas, los saudíes lo pintaron como una cruzada sectaria encendida por intromisión iraní. Y a pesar de unos anuncios débiles de un vocero de la Casa Blanca tras la invasión saudí, pidiendo “calma y control de todas las partes”, Washington apoyó a sus aliados saudíes. Puede ser que el público estadounidense no perciba tan claramente el doble criterio, cuando se compara con la postura de Washington hacia las medidas represivas del régimen de Siria – o a Gadafi – pero si lo perciben en el Medio Oriente.  

ISRAEL: MENOS LIBERTAD DE ACCIÓN

En el conflicto entre Israel y Palestina, es más aparente aún el papel de doble criterio retrógrado de Washington. En los últimos meses se han aprobado o están encaminadas en el parlamento israelí una serie de leyes racistas y represivas, además de la continuación de construcción de asentamientos en tierras palestinas. Altos funcionarios israelíes dan a entender claramente que consideran peligroso y negativo el levantamiento democrático, como por ejemplo el Ministro del Exterior Avigdor Lieberman cuando dijo abiertamente que la Primavera Árabe llevará inevitablemente a un “Invierno iraní”.

Pero Washington sigue entregando a Israel cada dólar de asistencia que pide y apoya las posiciones de Tel Aviv en la ONU.

Mientras tanto, la situación en el terreno es volátil en extremo y no todo va a favor de Israel.  

Muchos funcionarios israelíes de alto nivel han expresado temores de lo que puede suceder  a raíz de las enormes manifestaciones no violentas palestinas que acompañan a la campaña palestina por reconocimiento como estado en la ONU el próximo mes. Temen que la opinión pública mundial – y hasta la opinión pública en su baluarte de apoyo, los Estados Unidos – puede apartarse de Israel más que en el pasado. En la batalla por corazones y mentes, de poco le sirve a Israel su abrumadora fuerza militar.

Entonces los poderes israelíes les agrada mucho más enfrentar grupos pequeños de resistencia violenta, ya que es más fácil tildarlos de terroristas. Pero incluso cuando ocurre esto, ahora Israel no tiene la libertad de acción que antes gozaba.

Como ejemplo tenemos las secuelas del ataque del 18 de agosto en las afueras del pueblo en el sur de Israel Eilat, cerca de la frontera entre Israel y Egipto, en el que murieron ocho israelíes y varios otros fueron lesionados. Alegando que el ataque fue realizado por los Comités de Resistencia Popular (PRC) en Gaza, Israel respondió inmediatamente como suele hacer, enviando aviones de guerra para efectuar ataques aéreos a Gaza, causando la muerte de varios civiles.  El 21 de agosto las Fuerzas Israelíes efectuaron su mayor operativo militar desde 2004, invadiendo a docenas de casas y arrestando a 50 palestinos civiles, la mayoría miembros de Hamás, entre ellos varios académicos, un periodista, y un miembro del Consejo Legislativo Palestino.

Voces de extrema derecha en Israel exigieron acciones más agresivas. Pero los cambios en Egipto limitaron las alternativas de Israel. Al perseguir los supuestos atacantes, un avión israelí mató a tres agentes de seguridad egipcios en el lado egipcio de la frontera. Miles de manifestantes salieron a las calles en Cairo para protestar la incursión israelí a territorio egipcio. El gobierno egipcio también respondió; aunque no cumplió con una amenaza de retirar a su embajador, Cairo exigió una disculpa y dejó en claro que ha terminado la era en que Mubarak encubría asesinatos israelíes en territorio árabe. Sorprendentemente, Israel emitió una disculpa por la muerte de los agentes de seguridad egipcios. Y aunque muchos dirigentes israelíes deseaban lanzar un ataque de lleno contra Gaza, Ha-aretz informó que en una reunión del Gabinete Israelí:

"Netanyahu y Barak ofrecieron varios argumentos del por qué Israel debe ejercer control – su aislamiento internacional, el hecho que el sistema de intervención de cohetes Iron Dome sólo ofrece una defensa parcial, y el temor a empeorar la crisis diplomático con Egipto. En estas circunstancia, dijo Netanyahu, no se aconseja una guerra completa contra Gaza que es controlado por Hamás”.

Mientras la ONU se prepara para hablar del estado de Palestina, Israel incrementa su campaña para decir que todos los problemas en la región se deben al terrorismo palestino y la interferencia de Irán. Pero la Primavera Árabe está cambiando el equilibrio: los regímenes autocráticos ya no pueden callar tan fácilmente las opiniones de las masas árabes, y de todos los que abogan por la equidad, la auto-determinación y los derechos humanos mundiales.

ECHANDO CULPAS A LO INTERNO

También se ve mucho el juego de echar culpas en la política interior de Estados Unidos. Llegó a un punto bajo sin precedentes esta fantasiosa creación de temores con los esfuerzos del Partido Republicano por imponer medidas de austeridad, evidentemente a cualquier costo.

Aprovechando los temores relacionados con la crisis económica en EE.UU., los republicanos en el congreso lanzaron una campaña engañosa contra una supuesta orgía de gastos federales del gobierno, y se rehusó a levantar el techo de la deuda sin recortes presupuestarios drásticos. Ubicando a su gobierno en el campo de “imponer austeridad”, Obama firmó la Ley de Control Presupuestario de 2011 el 2 de agosto, que autorizó recortes enormes a gastos gubernamentales en programas de mucha urgencia. El trato recortará los gastos del gobierno en por lo menos $2.4 billones durante la próxima década; de esa cantidad, casi $570 mil millones provienen de lo que se llama “gastos discrecionales no de la defensa” que implica todo desde la educación a inversiones en infraestructura física.

En el debate se ignoró por completo a los elementos centrales de la crisis económica: el costo de las guerras de EE.UU. en otros países; la caída continua en tasas impositivas para corporaciones y los ricos durante los últimos 30 años; el hecho que el estímulo económico no produjo empleos porque era muy pequeño y tirarle dinero a Wall Street, los bancos y personas con plata no produce empleos. La ocupación continua de Irak ha costado a Estados Unidos $47 mil millones sólo este año, mientras la guerra interminable contra Afganistán solo este año ha costado $122 mil millones.

RESISTIENDO EL JUEGO DE ECHAR CULPAS

El trato sobre la deuda (entre otras decisiones del gobierno) levantó fuertes críticas del movimiento sindical y otros movimientos populares. Pero todavía las protestas colectivas y las acciones no alcanzan el nivel de descontento que existe entre los progresistas. Los movimientos que se están movilizando, sin embargo, han ganado algunas victorias aunque sean pequeñas.

Por ejemplo, el movimiento a favor de los derechos de los inmigrantes recientemente ganó una victoria tentativa al enfrentar los ataques del gobierno a las comunidades inmigrantes en el (mal nombrado) programa de Comunidades Seguras (S-COMM). Se trata de un programa de deportaciones puesto en práctica por el Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) en 2008, por medio del cual las huellas digitales que las fuerzas policiales presentaban al FBI para ver sus antecedentes penales se pasan también por las bases de datos de inmigración. Aunque en un inicio se dijo que el programa era voluntario, después de que varios estados se rehusaron a participar, el gobierno federal declaró que era obligatorio.

Esto provocó indignación entre los defensores de los derechos de los inmigrantes, y llevó a días de acción nacional el 15 y 16 de agosto. Se entregaron a la sede de re-elección de Obama y otras oficinas Demócratas decenas de miles de firmas exigiendo un fin a esta política agresiva de deportación. En respuesta, funcionarios del gobierno de Obama anunciaron que 300 mil personas que enfrentan el proceso de deportación tendrán el derecho a una audiencia ante un juez. Los defensores de los derechos de los inmigrantes sienten que tienen cierta palanca con el gobierno que quiere ganar votos latinos, entonces siguen exigiendo a Obama la abolición total de S-COMM. 

También se ha topado con una resistencia mayor recientemente la militarización internacional creado por la “guerra contra las drogas” de EE.UU., tanto internamente como a nivel internacional. El 26 de julio, el NAACP aprobó una resolución que pedía un fin a la guerra contra las drogas fracasada, subrayando que EE.UU. gasta más de $40 mil millones al año para encarcelar a delincuentes de drogas de bajo nivel, la mayoría proveniente de comunidades de color. El enorme movimiento mexicano “No más sangre”, que consiste sobretodo en personas cuyas vidas han sido devastadas por la guerra antinarcóticos en México, sigue movilizando a miles en todo el país y hubo una marcha grande en el D.F. el 18 de agosto. Según el Washington Post, las presiones internas en México han llevado al presidente Felipe Calderón, arquitecto del programa militarista en México, a enunciar palabras fuertes sobre la política estadounidense y donde realmente radica la culpa:

"Calderón culpó a su vecino del norte por el ataque devastador, diciendo que las armas tipo asalto y miles de millones de dólares en ganancias por drogas fortalecen las organizaciones criminales que probablemente estuvieron tras la explosión el jueves de Casino Royale. ‘El poder económico y de fuego de las organizaciones criminales que operan en México y América Latina provienen de esta demanda interminable por drogas en los Estados Unidos”, afirmó Calderón.

En México, el mundo árabe o en comunidades estadounidenses que generalmente son señalados como culpables, por medio de las acciones masivas pueden colectivamente empezar a revelar la brutalidad de este juego de echar culpas. Juntos podemos mostrar que los que representan una amenaza real al mundo muchas veces son los mismos que están echando las culpas.

The views expressed here are those of the author and do not necessarily represent those of the entire War Times project

Carlos Martinez is the coordinator at the Bay Area Center for Political Education, a movement-building organization providing activists and organizers a space for developing theory and strategy, He is co-author of Venezuela Speaks! Voices from the Grassroots, a collection of interviews with members of Venezuela's grassroots social movements published by PM Press in January of this year.

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