El Tea Party se atrinchera mientras disminuye el poder global de EE.UU.

By John Trinkl
October, 2013

Traducción por Ruth Warner Carrillo

John Trinkl mide el impacto del cierre del gobierno y el repudio al espionaje de la NSA para la reputación internacional de Washington. También subraya los peligros inherentes en el programa racista del Tea Party para los progresistas y el 99% en este país.

El barco del estado de EE.UU. recibió algunos golpes fuertes en el mes de octubre.

Irónicamente, el primer golpe llegó de parte de los que se jactan más del poder estadounidense, cuando los republicanos del Tea Party cerraron el gobierno. El cierre duró 16 días y los Estados Unidos se acercaron peligrosamente a caer en el impago de la deuda nacional. Esta payasada del Tea Party no sólo dañó a la economía del país sino que sus efectos debilitaron la reputación económica y política de Washington.

Un segundo golpe fue la reacción a las revelaciones de la vigilancia estadounidense a gobiernos extranjeros, entre ellos algunos de los aliados más cercanos de EE.UU. La tormenta de ira contra Washington reforzó una tendencia que ha estado en marcha hace tiempo: “otras naciones son cada vez más importantes, afirman su derecho a moverse sin acción de EE.UU. y se están alejando de la dirección estadounidense”, como lo expresó Gordon Adams en un artículo en Foreign Policy Journal.

La disminución del poder global de Estados Unidos crea aperturas para defensores de la paz para hacer una diferencia en una serie de asuntos urgentes: las negociaciones delicadas con Irán; el papel de EE.UU. en Afganistán post-2014; la crisis humanitaria y política en Siria; asesinatos de parte de los aviones teledirigidos de Washington. Mientras tanto, la política doméstica sigue profundamente polarizada. El Tea Party sostiene firmemente su agenda reaccionaria y racista, y la élite de ambos partidos sigue comprometida con la austeridad social.

TENSIONES EN EL PARTIDO REPUBLICANO

“Los republicanos ya no son el partido del negocio”,  dice el titular de un artículo en  Bloomberg Businessweek días después de que comenzara el cierre. La Cámara de Comercio de EE.UU. envió una carta al Congreso diciendo, “No es en el mejor interés de los empleadores, empleados o los estadounidenses correr el riesgo de un cierre del gobierno estadounidense que será perjudicial económicamente y creará más incertidumbre para la economía estadounidense”.

Una vez iniciado el cierre, la Cámara de Comercio y la Asociación Nacional de Fabricantes (NAM) escribieron al Congreso instando a la acción urgente sobre el techo de la deuda. “Nuestra nación nunca ha incumplido con sus deudas en el pasado, y no elevar el límite de la deuda de manera oportuna afectaría seriamente a nuestra economía y tendría secuelas en todo el mundo”, escribió el presidente de NAM. Pero los legisladores del Tea Party le hicieron caso omiso.

En respuesta a tal temeridad y su daño a la “marca” de los republicanos, parte del cabildeo de negocios en Washington está pensando en apoyar a campañas primarias en 2014 en contra de los legisladores Tea Party que organizaron el cierre.

Pero la rabia de los grupos empresariales se dirige sobre todo a las tácticas legislativas del Tea Party, no a su agenda política. El ala corporativa del Partido Republicano comparte el compromiso del Tea Party de recortar los fondos para programas sociales, bajar los impuestos a los ricos, y la austeridad general.  Y el pacto que puso fin al cierre demuestra cuánto el ala corporativa del partido demócrata ha adoptado el mismo marco, la única diferencia es que quieren quitar un poco menos de los pobres y vulnerables. El marco post-cierre para las discusiones del presupuesto en Washington no es “cómo creamos empleos y protegemos a los que están sufriendo” sino cómo recortamos el déficit federal y balanceamos al presupuesto.

EL RACISMO, LA ANULACIÓN Y EL TEA PARTY

El Senador Ted Cruz y sus compinches del Tea Party no parecen estar afectados por la oposición de lo que queda del partido republicano “moderado”. Ellos creen contar con el apoyo de una base importante que se percibe como defensores de la “verdadera Estados Unidos” en contra de la marea de “otros” que amenazan los fundamentos de la civilización blanca cristiana. En esta perspectiva, los fanáticos del Tea Party no sienten la obligación de respetar ninguna ley ni los resultados de una elección que no les guste.

Su antecedente histórico es el movimiento de anulación que data al tiempo de la Confederación: el concepto que un estado podría anular la ley federal al declararlo nulo y sin efecto. Contrario a las ideas populares erróneas, los activistas del Tea Party son más ricos que los estadounidenses promedios, y los miembros principales son los que Michael Lind tilda  “notables blancos locales del Sur.Lind escribe, “La estrategia política de la Derecha más Reciente, entonces, es simplemente una estrategia nueva para la derecha Jefferson-Jackson muy antigua, principalmente sureña. Es una estrategia totalmente racional, tomando en cuenta su objetivo: maximizar el poder político y la riqueza de los notables blancos locales que se encuentran viviendo en estados, y eventualmente una nación, que tiene mayorías actuales o posibles que no son blancos”.

REPERCUSIONES DEL CIERRE

El costo del cierre del gobierno para los EE.UU. fue $24 mil millones, según Standard and Poor, y los más golpeados por los efectos fueron los pobres y personas de color. Se calcula la pérdida de 250,000 empleos. El cierre llevó a la rebaja mayor en confianza de los consumidores desde el colapso de Lehman Brothers en 2008.

Mientras fueron enormes estos costos económicos, el costo político internacional probablemente fue todavía mayor. “Washington se parece cada vez más al sistema político italiano, con sus crisis permanentes”, dijo Alain Frachon, ex corresponsal en Washington del periódico Le Monde.

Los ministros de finanza del mundo se preocupaban por la amenaza que implicaría un impago de las deudas EE.UU: y el “caos masivo en todo el mundo, con el peligro de caer otra vez en una recesión”, dijo Christine Lagarde, directora del FMI al programa “Meet the Press” de la cadena NBC. The Economist, líder en la opinión empresarial mundial, presentó un reportaje en su portada titulado, “No es manera de administrar un país”, y dijo, “El cierre es síntoma de un problema más profundo: el proceso de legislación federal está tan polarizado que se ha paralizado”.

El cierre impidió que el presidente Obama asistiera a la cumbre en Indonesia de la Cooperación Económica Asia-Pacífica, componente clave del “giro hacia Asia” del gobierno. La ausencia de Obama dejó a China como el líder dominante en la reunión, enfocada en mayor integración económica regional.

En reacción al cercano impago de la deuda EE.UU. la agencia oficial de noticias del gobierno chino,  Xinhua, hizo un llamado a reemplazar el dólar como moneda de reserva mundial: “quizás sea un buen momento para que el mundo confundido empiece a considerar la construcción de un mundo de-americanizado”. Xinhua agregó, “El mundo apenas está saliendo de un desastre económico gracias a las élites voraces de Wall Street” e hizo un llamado a “un nuevo orden mundial” en la que “se respetan y se protegen los intereses claves de manera igual para todas las naciones, grandes o pequeñas, pobres o ricas”. El llamado chino, que apenas se reportó en los medios estadounidenses, resonó con las élites y no élites en todo el mundo.

REPUDIO AL ESPIONAJE EE.UU.

Las revelaciones sobre el espionaje amplio a líderes globales de parte de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) con la publicación de información entregada por Edward Snowden han debilitado más el “poder suave” de Estados Unidos. México, Francia, Alemania, Brasil, España y otros países han expresado su indignación por el espionaje a sus dirigentes. Los embajadores EE.UU. en Alemania, Francia y España fueron citados para explicar el espionaje  de Estados Unidos en esos países. La Unión Europea envió una delegación a Washington para investigar las revelaciones del espionaje de EE.UU. contra líderes europeos.

La debilidad creciente de Washington fue reconocido implícitamente en el discurso de Obama ante la ONU en septiembre. Al presentar las prioridades estadounidenses en el Medio Oriente, el presidente hizo énfasis en la negociación de un acuerdo nuclear con Irán, intermediación de paz entre los israelíes y los palestinos, y mitigación del conflicto en Siria. Declaró que los Estados Unidos raramente podría alcanzar sus objetivos a través de una acción unilateral, sobretodo una acción de índole militar. El discurso redujo en gran medida el amplio papel estadounidense que Obama había articulado hace unos dos años en ese mismo foro, ni hablar del unilateralismo arrogante de su predecesor en la Casa Blanca.

LAS PRUEBAS PRÓXIMAS: IRÁN, AFGANISTÁN, AVIONES TELEDIRIGIDOS         

En las próximas semanas y meses varios conflictos difíciles darán a conocer cómo actuará Washington, tomando en cuenta esta posición debilitada.

Están entrando en una etapa crítica las negociaciones entre Washington, los P-5 e Irán sobre el programa nuclear de Teherán. Irán ha tomado una postura nueva y más flexible. Hay elementos dentro del gobierno de Obama, junto con la mayor parte de Europa, que parecen estar dispuestos a hacer las concesiones necesarias para llegar a un acuerdo – la aceptación del derecho de Irán de enriquecer el uranio con fines no relacionados con armas, y aligerar y luego quitar las sanciones. Pero los guerreristas de EE.UU., el poder en Israel y la monarquía de Arabia Saudita están haciendo todo lo posible por evitar que se bajen las tensiones.

Es un secreto a voces el esfuerzo de Israel de apartar a EE.UU. de la diplomacia y hacia otra guerra en el Medio Oriente. Ahora Arabia Saudita públicamente se está uniendo a este esfuerzo guerrerista. Molesto por la falta de apoyo de EE.UU. a las fuerzas rebeldes en Siria y hostiles hacia Irán, en un acto sin precedentes los saudíes rechazaron un lugar en el Consejo de Seguridad de la ONU. El analista Juan Cole reporta que la familia real saudí busca otro modelo de política mundial y ha estado considerando un giro hacia la China.

(Egipto es otro aliado/cliente de EE.UU. hace mucho tiempo que ahora muestra más independencia de Washington. El Cairo envió una delegación a Moscú, al poco tiempo después de que EE.UU. recortó  $300 millones de su paquete de ayuda a Egipto).

Las negociaciones actuales entre los gobiernos EE.UU. y afganos sobre el papel que desempeñará EE.UU. tras el (supuesto) fin de las operaciones de combate de EE.UU. en 2014, será otra prueba para un Estados Unidos debilitado. Aunque el gobierno de Karzai tiene una dependencia casi total en fondos y respaldo militar del occidente, se niega a seguir el programa de Washington. No está claro si se puede obligar una salida de EE.UU. como se obligó a Washington a salir de Irak. Pero altos funcionarios de la OTAN ya han anunciado que están planeando una misión más pequeña post-2014, con menos entrenadores de combate.

La guerra de los aviones teledirigidos también enfrenta cada vez más crítica. Aunque el gobierno de Obama no ha comprometido grandes despliegues de tropas, si continúa los asesinatos en Pakistán de parte de aviones teledirigidos y recientemente lanzó ataques tipo comando de fuerzas especiales en Libia y Somalia.  Siniestramente, el New York Times reportó que se está entrenando en Kansas una nueva unidad militar que será desplegada a trabajo de contrainsurgencia en África – que podría ser un modelo para futuros despliegues militares alrededor del mundo.

En respuesta, Amnesty International y Human Rights Watch emitieron informes mordaces sobre el uso de Estados Unidos de aviones teledirigidos, incluyendo acusaciones que éstos podrían ser considerados crímenes de guerra. Sus informes recibieron una cobertura sorprendentemente amplia y positiva en los medios de prensa convencionales. Grupos anti guerra planean una Cumbre sobre Aviones Teledirigidos el próximo mes en  Washington, DC, para aumentar la presión para poner fin a estos ataques.

¿MOMENTO CLAVE EN LA DECADENCIA DE ESTADOS UNIDOS?

El analista Dilip Hiro propone que el mundo puede estar en una encrucijada.

“En el futuro, el apuro indecente con que Barack Obama buscó amparo bajo la sombrilla que abrió su contraparte ruso, Vladimir Putin, durante la crisis de armas químicas sirias, podrá ser visto como un momento clave cuando el poder en disminución de Estados Unidos en [el área del Medio Oriente]… Cada vez menos países, aliados o enemigos le están prestando atención, mucho menos inclinándose hacia el poder una vez formidable del último super-poder del mundo. Es larga la lista de figuras desafiantes – desde generales egipcios a príncipes saudíes, líderes chitas de Irak a políticos israelíes”.

Hace veinte años Immanuel Wallerstein publicó el libro The Decline of American Power. La decadencia del poder de EE.UU. parecía una propuesta increíble al momento en que George W. Bush promovía el crecimiento guerrerista masivo. Pero, aunque los EE.UU. sigue siendo el poder individual más grande del mundo,  su poder en el mundo se reduce constantemente. Wallerstein dijo, “Hemos entrado a un mundo caótico… El gobierno de EE.UU. se encuentra a la deriva en una situación que trata de gestionar en todos lados y que va a ser incapaz de manejar”.

Pero una mayor resistencia global a los mandatos de EE.UU. no es la única tendencia que acompaña el declive de Estados Unidos. Otra tendencia es algo que sucede acá mismo, con el desarrollo de una fuerza política que desea volver hace muchas décadas o más a un momento en el que dominaba su idea de la “verdadera América” (blanca, cristiana, excepcional y escogido por Dios como el “Número Uno”). Esa fuerza está crecientemente agresiva (y bien financiada) en su búsqueda por destripar el movimiento laboral, negarle los derechos básicos a la gente de color, socavar los derechos de las mujeres, dar influencia plena al “libre mercado” y dominar de manera arrogante en el mundo.

Por medio de su exceso con el cierre del gobierno, el Tea Party ha alienado a la mayoría del país. Esa mayoría ni se acerca a estar organizada en una alternativa progresista unida. Pero está abierta a escuchar un mensaje progresista – especialmente, como demostró la oposición a un ataque militar en Siria, en cuestiones de la guerra y la paz. El movimiento de paz se encuentra débil organizativamente. Pero teniendo en cuenta este nuevo sentir público, pueden dar fruto y lograr más victorias los esfuerzos agresivos por hacer escuchar ampliamente a nuestra perspectiva pacifista y antimilitarista.

The views expressed here are those of the author and do not necessarily represent those of the entire War Times project

John Trinkl has been with War Times since its early days when it was a print publication, helping mainly with distribution. He is involved in progressive political action in San Francisco and at a community school in the Mission. He also works with environmental and land use groups in California's Sierra mountains. Before coming to the Bay Area he was a writer and editor for the Guardian Newsweekly in New York City.

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