Diez años de guerra y de consecuencias no deseadas

By Alicia Garza
September, 2011

Las guerras y ocupaciones de Washington:
Resumen del mes #77
30 de septiembre 2011

Por Alicia Garza, War Times/Tiempo de Guerras

Con este mes fueron diez años desde la destrucción de las Torres Gemelas en un ataque terrorista. El gobierno de Bush respondió con su llamada “Guerra contra el Terror” – una guerra de agresión diseñada para convertir en zona neocolonial al Medio Oriente, una zona petrolera rica, y a la vez aferrar el dominio estadounidense del mundo. Acompañada y justificada por una cultura de miedo, xenofobia y racismo anti árabe y anti musulmán, esta guerra socavó los derechos humanos domésticos y afirmó el dominio derechista por una generación.

A los diez años, el mundo en nada se parece a la fantasía soñada por los arquitectos de la Guerra contra el Terror. Los mundos árabes y musulmanes están más lejos de su control que nunca y el poder estadounidense está menguando en todo el mundo. Después de la pérdida de tantas vidas y el gasto de billones de dólares, los Estados Unidos se encuentra empantanado en deuda y frustración mientras está en auge el papel económico mundial de China, la Primavera Árabe sacude al mundo y la “marea rosada” en América Latina erosiona el control de Washington en su “patio trasero”.

Mientras tanto, la economía estadounidense se encuentra en su peor crisis desde la Depresión Económica de la década de 1930. El desempleo se encuentra a niveles que igualan el periodo después de la Segunda Guerra Mundial y los miles de millones gastados en la última década en guerras, vigilancia y subvenciones para corporaciones disgusta a los millones de personas que sufren dificultades económicas. Pero los tiempos difíciles no han provocado (aún) un movimiento masivo hacia la izquierda. Al contrario todavía tiene mucha iniciativa la derecha republicana que alega que la crisis económica es culpa de las víctimas, y a la vez quiere limitar el papel del gobierno (con la excepción de las guerras y la represión) e imponer la austeridad social masiva mientras aumenta el poder de las grandes corporaciones. En cuanto a la política exterior, aunque gran parte de sus bases están cansados de los estancamientos en Afganistán e Irak, la derecha ha decidido que la forma de asegurar que el primer presidente negro en la historia de los Estados Unidos no se vuelva a elegir es atacar a Obama por no prestar suficiente apoyo a Israel (!).

¿OJO POR OJO?

Persistía todavía el humo de la caída de las Torres Gemelas cuando el entonces presidente George Bush y su contubernio neoconservador empezaron a traducir su retórica del viejo oeste en guerra y represión. Bajo nombres tan ridículos como “Operación Libertad Duradera” y “Operación Esfuerzo Activo”, el gobierno usó el 11 de septiembre para justificar su creciente intervención militar en Afganistán, Irak, las Filipinas, Somalia, y el Cuerno de África. Encaminado supuestamente a derrotar a al-Qaeda, la Guerra contra el Terror fue usado para reclamar control sobre recursos petroleros, convertir a especulación de guerra en un arte, apuntalar aliados dictatoriales y justificar el “cambio de régimen” como una forma de promover la democracia estadounidense.

De manera muy conveniente, pasó al segundo plano el hecho que Osama Bin Laden y al-Qaeda fueron adiestrados, financiados y armados por los Estados Unidos para pelear contra la supuesta ampliación del comunismo tras la invasión soviética de Afganistán en 1979.  Los entonces “paladines de la libertad” de Washington eran ahora sus malvados enemigos terroristas. Pero el objetivo no había cambiado: el control sobre una región que se considera esencial para los intereses imperiales por su ubicación geopolítica en el cruce entre África, Asía y Europa, y por sus recursos petroleros.

El miedo se convirtió en un silencio incómodo entre muchos progresistas y oficiales elegidos, en el Congreso apenas voz se levantó para votar en contra de la legislación que legalizó a la Guerra contra el Terror.  Aunque en general no se opone a las acciones militares, la Congresista Barbara Lee denunció la aprobación de una guerra sin blanco ni fronteras. Un año y medio después, las fuerzas populares recobraron fuerza con cientos de miles de personas en la calle como parte de las acciones mundiales para oponerse a actos de guerra y denunciar la inminente invasión de Irak. A la vez, la Ley Patriota desató la vigilancia descontrolada de personas en EE.UU. y se establecieron el Departamento de Seguridad Nacional y nuevas restricciones migratorias. Cambiaron para siempre los aeropuertos y otros sistemas de transporte público masivo. Corrió por el mundo una nueva ola de racismo, al tildar a los inmigrantes y personas de color en general, y específicamente  a los árabes, como terroristas o posibles futuros terroristas.

La derrota de John McCain y la elección de Obama en 2008 levantaron la esperanza entre muchas personas que terminarían las guerras en Irak y Afganistán, se pondría fin a la tortura, y se respetarían los derechos civiles. También el país podría abocarse a establecer límites a Wall Street, promover atención de salud para todos, cambiar la política migratoria federal y revertir la oleada de miedo y promoción de odio. Sin embargo, la realidad ha quedado muy corta de esas expectativas. Se han reducido mucho las tropas en Irak, pero este gobierno que supuestamente quería “poner fin a la guerra” está promoviendo mantener a las tropas en Irak después de la fecha tope acordada del 31 de diciembre. La guerra afgana ha aumentado y las promesas de un retiro en algún momento en el futuro han sido palabras no más. Ocurren más ataques teledirigidos en más países que nunca. Hay señas de que los fracasos en el exterior, la falta de dinero en casa y el desencanto público con los despliegues enormes están obligando a Washington a retirarse más de lo que le hubiera gustado en Irak y otros lugares. Pero continúan las muertes y una década que comenzó con guerra está terminando con guerra.

La diferencia con el período inmediato después del 11 de septiembre es que Washington ya no puede controlar todo y, de hecho, corre para evitar derrotas mayores. Esto es lo que ha logrado con la política guerrerista “ojo por ojo”: aumentar las muertes y la destrucción solo para cosechar la derrota y la ceguera intencional de los guerreristas y los que los respaldan.

¿PRIMAVERA ÁRABE, OTOÑO ESTADOUNIDENSE?

En diciembre de 2011 se cumplirá un año desde el comienzo de los levantamientos populares en Túnez, Egipto, Bahréin, Libia, Siria, Yemen, y en cierto sentido en Israel. Estos levantamientos, bajo las banderas de democracia, la seguridad económica y un fin a la represión estatal, causaron el derrocamiento de dictaduras apoyadas por EE.UU. en Egipto y Túnez y la imposición de ciertas reformas democráticas en una decena de otros países. También desafían a otros regímenes que han sido hostiles hacia Washington.

La respuesta estadounidense ha sido una mezcla de cautela, retórica rimbombante, y un doble rasero descarado: aplaudir a los manifestantes en Siria; intervenir militarmente para ayudar a los rebeldes libios a derrocar a Gadafi; ofrecer palabras de apoyo para los manifestantes no violentos de Egipto mientras se trabaja horas extras para ayudar a los “amigos” en el consejo militar gobernador; observar con brazos cruzados mientras Arabia Saudita envía tropas para reprimir el movimiento democrático en Bahréin. Y, hacer todo lo posible por asegurar que no florezca ninguna Primavera Palestina como parte de la Primavera Árabe. Esta última postura aísla más que nunca a Washington, mientras Turquía y un Egipto cambiante se posicionan para reemplazar a los EE.UU. en afectar la naturaleza de la región, entre otras cosas la dirección de la lucha entre Israel y Palestina que es crítica para la política regional y la relación entre EE.UU. y los mundos árabes y musulmanes.

LA VISTA SOBRE EGIPTO Y TURQUÍA

Las elecciones en Egipto este otoño han levantado esperanzas en el país y la región de un fin al gobierno militar y la represión policiaca a favor de la democracia y el respeto por los derechos humanos. Las fuerzas populares, especialmente el movimiento sindical y la juventud, también exigen el fin al desbordante desempleo y pobreza. Y este mes se ha destacado la conexión entre la lucha sobre la dirección “interna” y la política exterior, sobretodo hacia Israel.

En la Plaza Tahrir muchas veces han irrumpido manifestaciones por el lento paso de los cambios al asumir los egipcios la tarea monumental de reestructurar su gobierno. Las últimas manifestaciones también pidieron la expulsión del embajador israelí Yitzhak Levanon y un fin a las relaciones diplomáticas entre los dos países, tras la muerte de cinco policías egipcios a manos de tropas israelíes que perseguían supuestos militantes palestinos. Egipcio y Jordania son apenas dos países en la región que tienen tratados de paz con Israel. Si bien unos cuantos en esos países piden que se descarten los tratados de una vez, las masas exigen que sus gobiernos presionen a Israel de dejar de apropiarse de tierra, de construir asentamientos y de levantar el sitio de Gaza. Como principal respaldo de Israel, a EE.UU.se le critica cada vez más por traicionar la retórica más balanceada del discurso de Obama en el Cairo en 2009 a favor de un respaldo incondicional por su “aliado estratégico” promotor de asentamientos colonialistas.

Por otra parte, Turquía se ofrece a asumir dirigencia política y económica en la región. El primer ministro turco Tayyip Erdogan visitó este mes a Egipto y prometió apoyar su economía y la naciente democracia de ese país. Los esfuerzos de Turquía para apoyar e invertir en Egipto, Túnez y Libia son parte de un plan reconocido por crear una nueva dinámica de poder en la región. Los líderes turcos buscan un alineamiento entre Turquía y Egipto que puede convertirse en un centro de gravedad político-económico para el desarrollo de varios países cercanos, erosionando la influencia de EE.UU. (y Europa). Como informóel New York Times:

“…en un mundo árabe dónde EE.UU. parece estar en retirada, Europa inútil y los poderes como Israel e Irán intranquilos e inseguros, las autoridades de una Turquía enérgica y a veces presuntuosa ofrecen una visión de lo que puede emerger de la confusión en dos continentes que dio vuelta a décadas de  suposiciones.”

Una parte íntegra de esta visión es controlar el expansionismo de Israel y obligar a Tel Aviv a aceptar un Estado Palestino bajo términos que Israel parece empeñado en evitar. Erdogan lo dijo claramente en un discursoreciente ante la Liga Árabe, al decir que Israel es el “niño malcriado” del Oeste que siempre ha hecho caso omiso a las decisiones hechas por la comunidad internacional.

SIRIA: REPRESSIÓN Y ANSIEDAD

Map of Syria courtesy of Lonely Planet

El caos en Siria es un elemento importante de la Primavera Árabe. Un número importante de sirios que protestan en las calles – la mayoría de manera pacífica – contra años del dominio dictatorial de la familia Assad, se han enfrentado a represión estatal masiva y por lo menos 2 mil 500 muertes y posiblemente muchos más. Pero también hay personas que apoyan al régimen; y muchos sirios que critican las políticas de Assad también temen los conflictos sectarios y el caos que podrían surgir si el régimen queda derrocado.

Para complicar más la cuestión, el régimen sirio es aliado de Irán y se opone a las políticas de EE.UU. e Israel. Por lo tanto, algunas fuerzas anti-imperialistas en la región han vacilado en criticar al régimen, mucho menos pedir su fin. No está nada claro, sin embargo, que los manifestantes sirios tengan una postura más favorable hacia el Occidente o a Israel que el régimen; hasta el momento, a pesar de las bajas sufridas, han rechazado contundentemente a la idea de una “protección”/intervención de EE.UU.

Como era de esperar, EE.UU. ha condenado la represión del régimen y trata de imponer otras sanciones en la ONU. Pero después de ver la forma en que fue utilizada la supuestamente humanitaria “zona libre de vuelos” como cobertura del Oeste para una campaña de cambio de régimen en Libia, pocos países están dispuestos a dejar que EE.UU. desempeñe un papel de dirigencia. La Liga Árabe también se opuso a acciones futuras contra el dirigente sirio. Pero la brutalidad de la represión de Assad gradualmente está erosionando su apoyo regional, y la antes amistosa Turquía ha denunciado fuertemente la violencia y hasta los iraníes han emitido algunas críticas.

ENFRENTAMIENTO EN LA ONU SOBRE LA INDEPENDENCIA PALESTINA

Este mes el presidente de la Autoridad Palestina Mahmoud Abbas presentó una solicitud formal para unirse a la ONU como estado miembro pleno. Actualmente, Palestina tiene el estatus de entidad observador. Este cambio haría que Palestina tendría derecho a formar parte de más agencias del sistema de la ONU y formar parte de la Corte Penal Internacional, donde posiblemente podrían tomar acciones legales para desafiar la ocupación israelí. Políticamente, los que respaldan este cambio proponen que el apoyo de la ONU fortalecería la postura de negociación de los palestinos, y sacaría a EE.UU.de su posición actual como principal mediador de un “proceso de paz” que no va a ningún lado y, de hecho, es meramente una cobertura para más construcción de asentamientos y expansionismo israelí.

Para ser considerado como estado independiente, los palestinos requieren por lo menos 9 votos de los 15 en el Consejo de Seguridad, y que ninguno de los cinco miembros permanentes ejerza su veto. Al principio de este mes EE.UU. dijo claramente que ejercería su veto, una decisión que fue reafirmada en el discurso reciente de Obama ante la ONU que ampliamente fue considerado como una rendición total al cabildeo israelí en la política de EE.UU. al acercarse las elecciones de 2012.

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Países que apoyan un estado palestino en verde. Gracias a imgur.com por el imagen.

El hecho que Abbas haya desafiado a los Estados Unidos para ir a la ONU muestra que hasta los elementos de la dirigencia palestina que están más a favor de los Estados Unidos (y los que dependen más de fondos de EE.UU.) no ven posibilidad que Washington esté dispuesto o capaz de presionar al gobierno derechista de Israel para acercarse a las demandas palestinas. Muchos en el movimiento palestino son escépticos sobre la estrategia de una resolución de reconocimiento como estado, y se preocupan que esto pudiera marginalizar las preocupaciones de los palestinos dentro de las fronteras de Israel de 1967 y de la diáspora, a favor de la Autoridad Palestina que tiene una base muy limitada. Pero la propuesta ha expuesto a los Estados Unidos; como todos saben, el veto EE.UU. que exigirá Israel aislará aún más a los Estados Unidos en el mundo árabes y el mundo musulmán.

En las entrañas del monstruo, los republicanos y la derecha cristiana – coordinando sus esfuerzos con los sionistas judíos estadounidenses y autoridades israelíes, consideran que el apoyo EE.UU. al expansionismo israelí es la prueba del fuego en la política estadounidense y un arma contra Obama en 2012 – aunque Obama se ha adherido a todas las posturas israelíes. Todo el mundo está con los ojos puestos sobre el drama; el blogueador conservador Andrew Sullivan comenta,

“Netanyahu [está] más seguro que nunca porque los republicanos han adoptado al por mayor el apoyo cristianista para un Israel mas Grande por motivos ideológicos. Lo que está en juego es ni más ni menos la credibilidad global de EE.UU como un poder que puede actuar para defender sus propios intereses, aparte de las demandas de los fundamentalistas religiosos y donantes demócratas. Al tratarse de Israel, esto se ha revelado como básicamente imposible”.

LA GUERRA DOMÉSTICA

Se gastaron miles de millones de dólares para subvencionar las instituciones financieras al final de la administración Bush y principios de la administración Obama – la gran mayoría de los cuales nunca se podrá recuperar. Hemos gastado $3.2 billonesen las guerras en Irak y Afganistán. No hay recuperación económica a la vista.

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La derecha dice que hay que recortar la deuda e imponer austeridad. Pero la oposición responde. Desde acciones sindicales - enfermerasque desafían a los financieros - hasta la oleada actual de acciones para Ocupar Wall Street (que ahora cuenta con el apoyo de varios sindicatos) la "guerra de clases” sobre la cual se refieren los republicanos ahora también se está emprendiendo de nuestro lado. Muchos están hartos de promesas rotas y comienzan a hacer vínculos entre el militarismo sangriento, las ganancias de Wall Street y la destrucción de la clase media y la red de seguridad social. El poder global ya no está en manos de EE.UU.; quizás si las acciones actuales se puedan multiplicar, también puede haber cambios en casa.

Por lo tanto es con esperanza que reflejamos sobre esta década de guerras y mentiras. Después de más de 200 mil muertes iraquíes, 8 millones de iraquíes y afganos desplazados, la muerte de por lo menos 6 mil tropas estadounidenses a un presidente que en sus primeros momentos inspiró esperanza entre los que buscaban la paz y la justicia, nos queda mucho trabajo que hacer. ¿Podemos amplificar las voces de la Primavera Árabe para frenar el objetivo de Washington de controlar o manipular las luchas por las democracias allí? ¿Podemos obligar al presidente a un retiro total de Irak y Afganistán? ¿Podemos romper el control de la prueba de fuego “a favor de un Israel más Grande” en la política tradicional de Estados Unidos?

¿Podrá este país seguir con la misma estrategia desastrosa de la última década  y esperar resultados diferentes? ¿O podemos imponer un camino nuevo que empieza a formular un papel diferente para Estados Unidos en el mundo, y nuevas prioridades en casa?

The views expressed here are those of the author and do not necessarily represent those of the entire War Times project

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