Demasiado en juego con acuerdo con Irán, alerta del tifón

Periódico israéli avisa que Irán esta en última etapa de crear una bomba nuclear - en 1984
By Sarah Lazare
November, 2013

Traducción por Ruth Warner Carrillo

Sasha Wright informa sobre el acuerdo histórico con Irán y subraya lo mucho que está en juego en la lucha entre los “realistas” del gobierno de Obama y el bloque neoconservador/Israelí que quiere cambio de régimen y guerra. Ella contrasta el alerta sobre cambio climático de Tifón Haiyan, con la respuesta de Washington – falta de acción sobre emisiones de productos de petróleo y usar el desastre para avanzar su estrategia geopolítica del “pivote asiático”.

Tras 34 años de hostilidad y amenazas casi constantes de guerra y “cambio de régimen”, EE.UU. y otros poderes mundiales P5+1 firmaron in acuerdo interino con Irán este mes que congela el programa nuclear iraní  a cambio de un pequeño relajamiento en las sanciones económicas contra ese país. El acuerdo contempla un acuerdo final dentro del año que podría garantizar que Irán no esté produciendo armas nucleares a cambio del levantamiento total de las sanciones.

Los neoconservadores, el gobierno israelí y el cabildeo pro Israel están lívidos. Al no poder prevenir el acuerdo inicial (cuyos cimientos se establecieron en negociaciones secretas entre el gobierno de Obama e Irán), se lanzan ahora a sabotear las negociaciones, a fortalecer en lugar de levantar sanciones, y a poner a Washington en el camino hacia la guerra. El primer ministro israelí Benjamín Netanyahu denunció el pacto como un “error histórico”. El ex representante ante la ONU de George Bush, John Bolton, llamó el acuerdo "rendición despreciable" y el "momento Múnich de Obama,” y demandó el apoyo absoluto para un ataque militar israelí a Irán.

Mucho está en juego en la batalla que se avecina. Desde el 11 de septiembre de 2001, el objetivo principal de los neoconservadores e Israel ha sido un golpe militar contra Irán con el fin de cambio de régimen. Eso significaría una guerra que sería un desastre mayor al debacle de Irak que resultaría en la muerte masiva de civiles iraníes y jóvenes soldados EE.UU., la destrucción de la infraestructura iraní, la incapacidad de financiar los pocos servicios públicos que quedan en EE.UU., y mayor desestabilización de toda el área del Medio Oriente.

Mientras estaban encaminadas las negociaciones con Irán, el tifón Haiyan/Yolanda arrasó con las Filipinas, dejando por lo menos 10 mil muertos y miles sin comida, techo o agua potable. Una de las tormentas más fuertes en la historia, el tifón fue otro fenómeno natural extremo afectado por el cambio climático.  En todo el mundo se dijo que la tormenta era un alerta para despertarnos, y se demandó acción en las conversaciones sobre el cambio climático que se realizan en Varsovia. Pero, EE.UU. y otros países desarrollados no hicieron nada por reducir dramáticamente las emisiones de carbono ni para pagar reparaciones a los países más afectados por el desastre climático. A cambio, la respuesta principal de Washington a la destrucción del tifón ha sido avanzar su prioridad geoestratégica actual – el pivote Asia-Pacífico, un cambio de enfoque de recursos militares desde el Medio Orienta hacia la región de Asia y el Pacífico para tratar de contener la influencia China.

“ACUERDO HISTÓRICO” vs. “MOMENTO MÚNICH”

Las negociaciones entre Irán y los países P5+1 – EE.UU., Gran Bretaña, Francia, Alemania, Rusia y China – fueron reñidas hasta el último momento. Varios actores claves trataron de descarrillar el trato, entre ellos Israel y los congresistas EE.UU. pro-Israel, Arabia Saudita y a veces, Francia.

El acuerdo inicial ahora enfrenta las pruebas de sobrevivir la oposición de los sectores más extremos en Irán y de la poderosa alianza en Estados Unidos entre neoconservadores y el cabildeo pro Israel. Sin embargo, con el ímpetu del acuerdo inicial, un nuevo tono de parte del nuevo presidente iraní Hassan Rouhani, y las encuestas que demuestran que la gran mayoría del público EE.UU. favorece la diplomacia en lugar de la guerra, es un momento de esperanza.

 Pero todavía falta superar mucha historia difícil. El estado frígido de las relaciones entre EE.UU. e Irán hasta la semana pasada surgió en gran parte de la larga historia violenta de Washington en ese país. En 1953 fuerzas de inteligencia EE.UU. y británicos organizaron un golpe de estado que derrocó al gobierno democráticamente elegido e instalaron al Shah para proteger sus intereses petroleros. Cuando el pueblo iraní derrocó la brutal dictadura del Shah en la revolución de 1979, EE.UU. fue hostil hacia el nuevo régimen que había eliminado a su principal aliado regional. Luego EE.UU. respaldó a Saddam Hussein con inteligencia militar y armas en una brutal guerra entre Irán e Irak que duró ocho años y costó la vida de cientos de miles de iraníes. En su discurso a la nación tras el ataque del 11 de septiembre, George W. Bush marcó a Irán como un lugar que merecía un cambio de régimen al tildarlo como miembro del “eje de la maldad”.

En los últimos diez años Irán ha dado señas de disposición de llegar a la mesa y buscar un acuerdo, pero bajo los neoconservadores ese país ha sido un blanco preferido. Como lo dijo Noam Chomsky, “Irán está constantemente amenazado. EE.UU. e Israel, dos Fuertes poderes nucleares… uno un súper poder y el otro un súper poder regional – constantemente están amenazando con atacar a Irán”.

EL OBJETIVO NEOCONSERVADOR ES FANTASÍA, NO ESTRATEGIA

Ahora, diez años después de la invasión y ocupación fracasada de Irak, el objetivo neoconservador parece más fantasía que estrategia. El cambio de régimen – o incluso la eliminación de todas las instalaciones de energía nuclear iraníes por medios militares – necesitaría de una invasión y de “soldados en el terreno”: casi todos los expertos afirman que sólo un ataque aéreo simplemente atrasaría los avances nucleares iraníes, y también sería un motivo para que Irán revirtiera su postura actual contra las armas nucleares para obtener un arma para defensa propia. Pero el público estadounidense, harto de la guerra, se opone fuertemente a otro ataque. Y el gobierno de Obama opina que una acción de esa índole sería demasiado costoso en términos de recursos, el daño a las alianzas internacionales y posibles resultados adversos no intencionales que debilitarían, en lugar de fortalecer, el poder global de EE.UU. El empantanarse en otra guerra terrestre en el Medio Oriente podría ser un sueño neoconservador, pero es una pesadilla para este gobierno.

Entonces el equipo de Obama optó por la diplomacia. El gobierno quería tanto a un acuerdo que participaron en pre negociaciones secretas en Omán. Mientras tanto usan medios militares menos costosos cuando es necesario para proteger a sus intereses regionales (ataques con aviones teledirigidos, operativos especiales) mientras trasladan sus recursos militares a otras regiones, entre otros África y especialmente, Asia.

Este cambio en la estrategia del gobierno de Obama no se compagina con los objetivos de muchos de los aliados tradicionales de EE.UU. en la región. Netanyahu y los que lo respaldan en el Congreso y Senado de EE.UU. han sido los críticos más fuertes de un acuerdo con Irán a menos que sea lo imposible, que Irán deje totalmente de enriquecer el uranio por cualquier motivo. Israel y los neoconservadores han formado una nueva y extraña alianza con Arabia Saudita y las otras monarquías Sunní del Gulf Cooperation Council. Estos países comparten un interés no solo en asegurar que Irán no consiga armas nucleares sino que en general asegurar que Irán no pueda lograr ninguna influencia regional. Por lo tanto, comparten los objetivos de derrocar el régimen de Assad en Siria y debilitar a Hezbolá en el Líbano. Mientras Israel y Arabia Saudita dicen que quieren una paz negociada con Irán, la realidad es que buscan la guerra y cambio de régimen. Pero incluso Israel, el poder militar principal del grupo, tiene pocas esperanzas de avanzar en una agresión a Irán sin el respaldo de los militares EE.UU., y es por eso que están empecinados a prevenir que se quite la tensión entre Washington y Teherán.

LO QUE ESTÁ EN JUEGO

Echando leña a la histeria anti acuerdo, este acuerdo inicial ha tenido varios efectos positivos. El éxito de la primera ronda ha logrado un nivel de confianza para el difícil proceso de lograr un acuerdo final. El acuerdo ha sido alabado por muchos poderes regionales (con distintos grados de sinceridad), y algunos líderes lo consideran como un paso hacia el objetivo de limitar la proliferación nuclear en el Medio Oriente (o sea: obligar a Israel a renunciar a su arsenal nuclear). Muchos opinan que un pacto podría mejorar la situación de derechos humanos con Irán: si Irán es menos aislado, y menos amenazado, se abrirán puertas para el crecimiento de fuerzas progresistas y el debilitamiento del autoritarismo.

Además, si se bajan las tensiones del conflicto con Irán, podría facilitar la participación de muchos actores de la guerra civil siria para participar en pláticas de paz y resolver  la catástrofe humanitaria en ese país. También mejoraría los conflictos sectarios en el Líbano e Irak, que han sido fortalecidos por la guerra civil siria y la participación de los saudíes.

Por otra parte, si los guerreristas de Israel y EE.UU. logran sabotear el acuerdo, es probable que se intensifiquen las tensiones políticas y las brechas sectarias en todo el Medio Oriente. Siempre existe la posibilidad de una acción unilateral de Israel, pero realmente no tienen la capacidad de hacerlo sólo.

Mucho está en juego – y puede ser muy crítico cualquier aporte que pueden hacer los movimientos a favor de la paz y la justicia para fortalecer la paz y contribuir al movimiento a favor de la diplomacia.

EL PIVOTE ASIA-PACÍFICO

Mientras tanto, la economía china que está en expansión constante constituye ahora la mayor amenaza a la dominación global de EE.UU. Casi todos los grupos de la élite opinan que la mejor forma de contrarrestar esa amenaza es forjando alianzas con otros países asiáticos en contra de China, y que para lograr esto es crítica una fuerte presencia militar EE.UU. en esa región del mundo. Por lo tanto, el gobierno de Obama anunció la política del “Pivote Asia Pacífico” a fines de 2011.

La preocupación más inmediata para los intereses estadounidenses es el control del Mar de Sur de China, donde China ha establecido control sobre las vías de transporte marítimo más importantes y participa en una disputa territorial con Japón sobre unas islas ricas en petróleo. El Comando Pacífico de EE.UU. ha buscado activamente acuerdos para bases, ampliando sus operaciones en países como Japón, Corea del Sur y Guam, donde siempre ha tenido una fuerte presencia las fuerzas armadas EE.UU. Washington también tiene como prioridad reconstruir los lazos con las Filipinas, Singapur y Vietnam.  Estados Unidos ha enviado más tropas a Australia y busca construir una base para aviones teledirigidos en una isla cercana. El Comando Pacífico entrega capacitación militar a los aliados y realiza maniobras militares cada dos o 2 o 3 años con 22 países. EE.UU. tiene el objetivo de ubicar a un 60 por ciento de la armada en la región de Asia Pacífico para el año 2020.

CAMBIO CLIMÁTICO Y CAPITALISMO DE DESASTRE

Es clave pare el éxito del plan Pivote Asia Pacífico tener una fuerte presencia militar EE.UU. y acceso a bases en las Filipinas. Este verano EE.UU. incrementó en dos tercios la asistencia para las Filipinas  y actualmente los dos países realizan ejercicios militares conjuntos todos los años. El gobierno de Aquino colabora mucho con los intereses EE.UU., porque una mayor presencia EE.UU. le favorece en sus disputas territoriales con China sobre una zona rica en petróleo en el mar al oeste de las Filipinas y al sur de la China, pero tiene que ser cuidadoso por cuestiones de la opinión pública. EE.UU. tiene una larga historia poco popular en Filipinas, desde su invasión al final de la guerra hispano-americana y dominación como poder colonial directo por casi 50 años. Estados Unidos mantuvo en ese país bases militares y tropas incluso después de su independencia. La última base militar apenas se cerró en el 1992. Hay movimientos sociales que lucharon en contra de la degradación ambiental y el impacto social negativo de las bases militares EE.UU., incluyendo violaciones sexuales de parte de los militares estadounidenses.

Cuando llegó el Tifón Hayan, EE.UU. prometió el envío de más de $50 millones en asistencia y envió 50 barcos, entre ellos un portaviones, para entregar la ayuda. EE.UU. espera que la imagen de sus soldados entregando ayuda abrirá el camino a un acuerdo para acceso a bases militares. Algunos representantes del gobierno de Aquino han afirmado que el tifón muestra la necesidad de una mayor presencia estadounidense.

Las Filipinas y los países bajos de la región del Pacífico siguen siendo una de las zonas más vulnerables del mundo al cambio climático, con tormentas más intensas y el levantamiento del nivel del mar. El uso de los militares para entregar asistencia puede ser un modelo del capitalismo de desastres para volver a introducir a las fuerzas armadas EE.UU. en las regiones que hace mucho han luchado por su autonomía.

El Convenio Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático apenas estaba comenzando en Varsovia, cuando el tifón dio su golpe mortal. El jefe de la delegación filipina se echó a llorar al describir las condiciones en su país y rogó a los delegados lograr algo con las pláticas de 2013. A pesar de una huelga de hambre en solidaridad con los que sufrían en casa y las protestas de los movimientos sociales y delegaciones de países en vías de desarrollo, los países desarrollados responsables por las emisiones que causan la crisis climático no mostraron ninguna intención de rebajar las emisiones ni de pagar reparaciones a los países más afectados.

El grupo Filipino Advocates for Justice llegó al meollo del asunto: “Los países ricos siguen botando su contaminación a la atmósfera mientras los países pobres como las Filipinas pagan el precio con tormentas monstros, inundaciones, derrumbes de tierra y hasta sequías”.  

Usted puede hacer una donación a las organizaciones de base que están dando ayuda de emergencia tras el desastre en las Filipinas, al seguir  este vínculo, y puede averiguar más sobre cómo apoyar campañas continuas para pelear por la justicia climática, al apretar aquí.

The views expressed here are those of the author and do not necessarily represent those of the entire War Times project

Sarah Lazare lives in Portland, Maine where she is an assistant news producer for Common Dreams. Sarah is an independent journalist and organizer in U.S. anti-war and anti-militarist movements, as a member of War Times and The Civilian-Soldier Alliance, an organization that supports veteran and G.I. movements against U.S.-led wars. Sarah has organized around issues of Palestine solidarity, economic justice, and migrant rights, and she is co-editor of the book About Face: Military Resisters Turn Against War.

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