¿Desbandada hacia las salidas?

By Michael Reagan

Las guerras y ocupaciones de Washington:
Resumen del mes #74

30 de junio de 2011

Por Michael Reagan

Al hablar sobre Afganistán en su gira de despedida, y otra vez subrayando su punto en Bruselas, el Secretario de Defensa saliente Robert Gates no tuvo pelos en la lengua. Declaró que “incluso mientras EE.UU. comienza su retiro el [de Afganistán]  el próximo mes, les aseguré a mis colegas ministros [de la Unión Europea] que de parte nuestra no habrá ninguna desbandada hacia las salidas”. Luego agregó que “esperamos lo mismo de nuestros aliados”.

Un par de días más tarde, el presidente Obama anunció que retiraría 33 mil soldados en los próximos 18 meses.

Los comentarios de Gates y la decisión de Obama constituyen un hito importante en el discurso político estadounidense sobre la guerra en Afganistán. Los puntos principales del argumento de Washington ya no son el escalonamiento permanente, respaldado por recursos sin límites y promesas del triunfo final. A cambio, las preguntas actuales tienen que ver con el paso y las dimensiones del “cese gradual la guerra”, negociar con el Talibán, y en qué grado Estados Unidos realmente está buscando las salidas, aunque quizás no corriendo en desbandada hacia ellas.

Cabe destacar dos puntos. El ala dominante de la élite de la política exterior EE.UU. está empeñado en limitar la sobre-extensión de la última década. Sin embargo, lo hace porque piensa que esta sobre-extensión perjudica su objetivo de fondo de maximizar el poder global estadounidense.

Gates, figura clave en el reajuste de la estrategia imperial, encierra ambos lados de este dilema. Es el hombre que les dijo a los cadetes de West Point en febrero que “se debe examinar la cabeza de cualquier Secretario de Defensa futuro que aconseja al presidente enviar otra vez un gran ejército terrestre a Asia, el Medio Oriente o África”. Sin embargo, hace poco expresó a Newsweek que “he pasado toda mi vida adulta con Estados Unidos como un superpoder y nunca dudé en gastar lo que fuera por sostener esa posición”. Después abogó por el uso de “poder duro – el tamaño, fuerza y alcance global de las fuerzas armadas estadounidenses” para proteger “contra el éxito de los agresores, dictadores y terroristas en el siglo veintiuno”.

A regañadientes, Gates y sus cohortes (en contraste con los neoconservadores) reconocen que se están terminando los tiempos de un horizonte sin límites para el poderío de EE. UU. Al salir de su puesto (hoy es su último día) Gates conectó esto explícitamente a su propia jubilación, “A decir la verdad – expresó en la misma entrevista con Newsweek – es una de las muchas razones para jubilarme, porque francamente no puedo imaginarme como parte de una nación, parte de un gobierno que se ve forzado dramáticamente a reducir nuestro compromiso con el resto del mundo”.

Se está acabando la era en la que figuras washingtonianas como Gates podían ordenar la sumisión servil a sus caprichos en cualquier parte del mundo. La nueva generación de planificadores estatales cada vez más tiene una actitud de poder decirle no a Washington en un mundo multipolar. Esto establece límites a la palanca global de EE.UU y abre nuevas oportunidades para aquellos que están preocupados por la paz y la justicia, mientras encierra peligros continuos para los que se encuentran en la nueva línea de fuego.

HACIENDO CASO OMISO A LOS GENERALES

La reducción de las fuerzas en Afganistán de parte de Obama es un paso en el camino correcto. Pero mientras continúa esta guerra que lleva las de perder, se está jugando con las vidas de soldados y civiles. En lo que la académica y activista Phyllis Bennis llama el redespliegue “simbólico”, el retiro de tropas de anunciado por Obama no logra regresar la guerra ni al nivel de tropas desplegadas al principio de su presidencia. Mientras tanto, seguir esta causa perdida también desangra a Pakistán y provoca indignación anti-estadounidense en ese país.

Dentro de lo que los guardianes de la política exterior consideran ‘responsable’, Obama se alió con los “pacifistas”. Gates y el Pentágono querían cambiar de destino a un mísero tres a cinco mil tropas, aferrándose a la ilusión de un adelanto importante si Washington se mantuviera firme.  

Afuera de los límites de éstos guardianes, el movimiento por la paz exige un retiro total e inmediato de las tropas. Y aunque muy pocos en la política oficial llegan a ese extremo, en esta ronda muchos demócratas progresistas y hasta algunos destacados republicanos pidieron una rebaja mayor y más rápida. Por lo tanto, la decisión de Obama se consideró como “tomar por la calle de en medio” que inevitablemente resultó en críticas de parte de los guerreristas por rendirse, y de la izquierda por desperdiciar vidas y recursos en una guerra dañina tanto para los afganos como para los estadounidenses.     

Dos factores principales impulsaron a Obama a hacer caso omiso al plan de los “generales en el campo”.

Primero fue la oposición cada vez más verbal de parte de ambos partidos, respaldados por una creciente oleada pública que se opone a la guerra, que ahora se encuentra en un abrumador 64%, que subió desde el 12% cuando la invasión inicial. Ese aumento es el resultado de diez años de trabajo de parte de activistas pro-paz y anti-guerra, prácticamente sin ningún reconocimiento de parte de los medios de comunicación. El aumento de la política anti-guerra en Washington se reveló en el voto en la cámara de representantes en mayo sobre una enmienda al presupuesto militar que pedía el inicio de negociaciones para poner fin a la guerra. Ese voto perdió por apenas nueve votos, mientras votaron a favor demócratas y 26 republicanos.

Segundo es la consciencia en Washington sobre las graves dificultades económicas que enfrenta, y el creciente sentimiento que el dinero que se gasta en guerras extranjeras se necesita en casa. La mayoría del pueblo – no sólo la izquierda – ha decidido que no vale la pena gastar $10 mil millones al mes "para construir puentes en Kandahar" cuando los puentes se están desmoronando en Baltimore y Kansas City.  

“LO PRIMERO, PRIMERO; LO SEGUNDO, NUNCA.”  

Con miras hacia el futuro, la declaración de Obama que su retiro inicial llevará a un proceso “responsable” de “un cese gradual a la guerra” hace recordar la famosa cita de Cicerón, que en el mundo de la política "lo primero, primero y lo segundo, nunca”. Mantener en Afganistán entre 65 y 70 mil tropas hasta por lo menos hasta fines de 2014 ni se acerca a poner fin a la guerra. Y, Estados Unidos tiene planes de quedarse después del 2014. Según los comentarios del jefe del Estado Mayor Conjunto, el almirante Mike Mullen y el presidente afgano Hamid Karzai los gobiernos EE.UU. y afganos están haciendo planes para una presencia militar estadounidense a largo plazo. El mismo Gates dijo que las negociaciones se enfocan en asegurar la permanencia en Afganistán de entre dos y seis “bases militares conjuntas” tras el fin oficial a la guerra – cuando sea que eso ocurre. 

Pero hasta los mejores planes se desmoronan en guerras perdedoras. El año pasado fue el más mortal para los soldados estadounidenses en Afganistán, y la tasa de mortalidad ha subido aún más en semanas recientes. Es parecida la situación para los civiles afganos. El único avance logrado por las fuerzas EE.UU/OTAN – unos 200 mil efectivos si uno incluye decenas de miles de mercenarios – contra alrededor de 20 o 40 mil luchadores del Talibán ha sido revolver el odio de millones de afganos. Una encuesta realizada por el Consejo Internacional sobre Seguridad y Desarrollo reveló que 8 de 10 afganos se oponen a la presencia de la OTAN en su país, y tienen una opinión negativa sobre la OTAN. Hasta al Presidente títere Karzai a veces le salen comentarios que si continúan las muertes civiles, los occidentales serán considerados como "ocupadores".  Y peor, para los planificadores de guerra, después de diez años de “adiestramiento” la comandancia EE.UU. considera que las fuerzas afganas son  incapaces de asumir operaciones de seguridad, y que el Talibán ha infiltrado completamente a las fuerzas armadas afganas.  A la vez, los ataques en las fronteras por militantes han destruido docenas de camiones de abastecimiento y cisternas de la OTAN en semanas recientes.

No es de sorprenderse que los Estados Unidos ha cruzado ya las “líneas rojas” establecidas anteriormente y ha comenzado negociaciones  secretas de alto nivel con el Talibán.

Washington espera recuperarse de su mala suerte – y forzar concesiones del Talibán – al sustituir ataques de aviones teledirigidos por “botas en el terreno”. Esta es la guerra “a lo barato” comparado con el despliegue costoso de tropas. Pero el costo se refleja en vidas civiles, y han habido informes semanales -- prácticamente  ignorados por los medios de comunicación estadounidenses -- sobre la muerte de docenas de civiles. Con cada vida perdida, se pierden más corazones y mentes afganos.

Puede ser que Obama busque el tipo de atrincheramiento que permita a Washington continuar la guerra, pero cuando hasta los retiros “simbólicos” se normalicen, la presencia militar EE.UU. es un precedente peligroso. Con presión, puede aumentar más de lo que fue la intención de sus guardianes.

¿PAKISTAN “POR LA LIBRE"?

Al igual que Afganistán, los ataques teledirigidos son un problema creciente también en Pakistán. Tras el asesinato de Osama bin Laden, EE.UU. hizo alardes con ataques teledirigidos de alto perfil, y otra vez mató a varios civiles. De por sí estaban peor que nunca  las relaciones entre EE.UU. y Pakistán. En las secuelas del asesinato, el parlamento pakistaní aprobó una resolución que condenaba la acción unilateral de EE.UU. y afirmaba la soberanía nacional e integridad territorial de Pakistán, citando a las  normas legales internacionales. Pero en los 15 días tras el ataque a bin Laden, EE.UU. casi triplicó sus ataques teledirigidos, incluyendo uno apenas  cuarenta y ocho horas después de la aprobación de la resolución. Eso dejó en claro la opinión de Washington sobre la democracia pakistaní.  

Mientras tanto, el periódico pakistaní en inglés, Dawn, en conjunto con Wikileaks reveló cables secretos que confirmaban que el jefe del ejército pakistaní, General Pervais Kayani, había aprobado en privado los ataques teledirigidos, mientras los condenaba públicamente. Los documentos también revelaban que las fuerzas armadas pakistaníes durante mucho tiempo habían aceptado fondos secretos de los Estados Unidos sin control del gobierno civil, y que tenían un arreglo para mantener una ignorancia intencional sobre acciones EE.UU. con referencia a un posible intento de asesinato a bin Laden. Estas revelaciones enfurecieron al público pakistaní. Una encuesta del Pew Research Center que comenzó en abril y siguió en mayo encontró pocos cambios en la opinión de los pakistaníes sobre los Estados Unidos – el 75% de los encuestados consideran a Estados Unidos como un enemigo.

El resultado es una crisis diplomática sin precedentes entre Pakistán y EE.UU. Pakistán ha expulsado entrenadores militares, reveló públicamente al jefe de la CIA en Karachi y obligó a Estados Unidos a retirar tropas destacadas en el país. Fracasó un viaje reciente a Islamabad del jefe del Estado Mayor Conjunto Mullen, Hillary Clinton, y el sucesor de Gates en Defensa Leon Panetta para tratar de mejorar las relaciones. Los funcionarios pakistaníes se rehusaron a asistir a una conferencia de prensa después de la reunión con Clinton y Mullen. Los Estados Unidos necesita a Pakistán para continuar la guerra contra Afganistán y también para tener la posibilidad de negociar un arreglo con los Talibán que se encuentran bajo influencia pakistaní. Por esto no es probable que las relaciones se rompan totalmente. Pero, con cada ataque de un avión teledirigido, y cada día que pasa con la guerra afgana, la imagen de Estados Unidos se hunde más en un país muy poblado, con armas nucleares, que semanalmente fortalece sus relaciones con China.

PROMESAS Y POSIBILIDADES EN PALESTINA

En el conflicto entre Israel y Palestina, también se encuentran a la defensiva EE.UU. e Israel. En el campo diplomático, cobra fuerza la campaña de la Autoridad Palestina para ganar reconocimiento como estado de la ONU. En el terreno, también se fortalece el movimiento de protestas no violentas en pueblos como Bilin y en la frontera israelí fortalecidos por la Primavera Árabe en la región. Las campañas en Europa, EE.UU. y otras partes a favor del Boicot, la Desinversión y Sanciones (BDS) son un medio para llevar el mensaje de solidaridad con Palestina a nuevos sectores, y en muchos casos están ganando victorias concretas. Es insostenible la situación actual, pero el ímpetu hacia el cambio ahora está al lado de los que lucha en contra del proyecto colonial de Israel.

Pero el gobierno israelí, de derecha extrema, y los que lo respaldan en EE.UU. se lanzan al contra-ataque. Israel ha envidado directivas a sus embajadas y enviados especiales a América Latina y otros lugares para tratar de convencer a los gobiernos a votar en contra de Palestina en las Naciones Unidas. En el parlamento israelí, avanzan nuevas leyes racistas y represivas. Y en Estados Unidos, suenan más fuerte las acusaciones contra activistas de solidaridad por ser antisemitas o judíos que se odian a sí mismos.

Se acerca el próximo enfrentamiento sobre la Flotilla de Libertad que está a punto de salir hacia Gaza, y que incluye una nave organizada por estadounidenses, “La Audacia de la Esperanza.” Israel afirma que responderá con más violencia, y el Departamento de Estado de EE.UU. no sólo se rehúsa a ofrecer protección, sino se prepara a achacarle la culpa a la víctima. Pero hasta con la violencia más cruenta será difícil detener el ímpetu logrado. La escritora ganadora del premio Pullitzer Alice Walker, que estará abordo de la nave a Gaza, no exagera cuando tilda el esfuerzo como  "El viaje libertario de nuestra era."

EROSIÓN A DERECHOS CIVILES, AMPLIACIÓN DE PODER EJECUTIVO

Imágen desde www.fbi.gov. Creemos que "Intel" quiere decir  "inteligencia," no la companía que fabrica los chips de computadora.

Internamente, la crisis económica sigue golpeando duramente al pueblo trabajador: altas tasas de desempleo, recortes enormes en trabajos en el sector público, recortes en servicios sociales, pérdidas y concesiones en contratos sindicales públicos y privados. Junto con esta agresión están las pérdidas menos publicitadas en el campo de derechos civiles. Fue un golpe fuerte la renovación de parte del gobierno de Obama de la Ley Patriota en mayo. Los senadores demócratas Mark Udall y Ron Wyden también han revelado que Obama está yendo más allá de los poderes de la Ley Patriota: Revelaron “una opinión secreta del Departamento de Justicia que concede al FBI amplia autoridad para recopilar información sobre ciudadanos estadounidenses inocentes”.

La opinión en cuestión se refiere al Artículo 215 de la Ley Patriota, que permite al gobierno recopilar información sobre ciudadanos estadounidenses en relación a investigaciones al terrorismo. Udall y Wyden proponen que la opinión del Departamento de Justicia exagera el significado de este Artículo en una forma que se compara con los memorando que justificaban a la tortura de la Oficina del Asesor Legal de la época de Bush. Se desconocen aún los detalles de la opinión, pero esta noticia surgió un par de semanas antes de que se dio a conocer que un nuevo manual de campo del FBI dispone de cateos invasivos de materiales personales de estadounidenses, incluso sin motivo fundado de alguna maldad. Se les concede a los agentes el poder de vigilar los movimientos y actividades de un individuo, recolectar y estudiar el contenido de su basura, e infiltrar a grupos en los que participa, todo esto dentro del marco de lo que el FBI considera una “evaluación”, no una investigación plena.

Esta ampliación de los poderes ejecutivos por medio del Departamento de Justicia y del FBI refleja los esfuerzos de Obama de evadir el Congreso con referencia a la autoridad presidencial de hacer la guerra. Después de que muchos legisladores criticaron la intervención actual en Libia con el argumento que es ilegal sin la autorización del Congreso, Obama y su personal usaron una defensa a lo Alicia en el País de las Maravillas, diciendo que el operativo militar estadounidense en Libia no constituye una “hostilidad”. Esta farsa se volvió cada vez más ridícula cuando se conoció que la misma Oficina del Asesor Legal de Obama – al cual generalmente acude un presidente para asesoría legal – no estaba de acuerdo con la afirmación, y Obama tuvo que conseguir a abogados de afuera de esa oficina para darle cobertura legal por ordenar hostilidades no hostiles únicamente con autoridad propia.

Estos eventos no cuestionados constituyen un terrible precedente para el futuro. Sin acción social coordinada, seguirán erosionando nuestros derechos civiles, lo que dificultará nuestras luchas futuras. Realmente son eventos de suma gravedad, y combinado con la seria depresión económica, constituyen un “ataque frontal” en contra del pueblo trabajador. Con las guerras en Irak, Afganistán, Libia y Yemen, la agresión contra libertades y el bienestar de los trabajadores constituye una “sexta guerra” para los planificadores estadounidenses.

¡EMPÚJELOS HACIA LAS SALIDAS!

El retiro anunciado en Afganistán es una mejora de la situación hace un par de meses. La trayectoria del despliegue se dirige hacia abajo, en lugar de arriba.  El movimiento por la paz debe tomar crédito por ayudar a cambiar el discurso político de girar sobre la “victoria” a un debate sobre cómo salir rápidamente y hasta qué punto hay que salir.    

Pero en Washington las palabras son baratas. En el terreno continúan las guerras asesinas bajo el lema de retirada “gradual” y “responsable”. En Afganistán, Pakistán, Irak, Libia, Yemen, Palestina y otros conflictos de menor intensidad, EE.UU. sigue imponiendo sus intereses geopolíticos. La buena noticia es que los guardianes del imperio ahora tienen menos recursos y menos aliados incondicionales, y por lo tanto se limita un poco su libertad de hacer lo que les da la gana, sin importar otros poderes internacionales y la opinión pública doméstica.

Gates dice la verdad cuando afirma que EE.UU. jugará un papel importante en el mundo en los años venideros y no tiene apuro por salir del escenario. Pero en la obra de teatro de la dominación global de EE.UU. estamos en una transición de los primeros actos hacia los últimos actos. Esto significa que si los organizadores puede aprovechar y encausar exitosamente el sentimiento del pueblo EE.UU. de estar harto de las guerras, se podría empujar a Washington hacia las salidas mucho más rápidamente de lo que quisiera creer Gates.

The views expressed here are those of the author and do not necessarily represent those of the entire War Times project

Michael Reagan is an organizer with the Seattle Solidarity Network andstudent at the University of Washington where he studies the history ofAmerican capitalism.

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